jueves, noviembre 08, 2007

Toda el agua del mundo - Gabo Ferro

Toda el agua del mundo se ha incendiado
Y han quedado los pozos donde hubo lagos
Donde estaban los mares hay desiertos blancos
Donde estaban los ríos hay puro viento manso

Para verdear la tierra nos separaremos
Vos te irás a los vientos mi amor
Yo me iré al desierto
Y con esa tristeza lloraremos

Yo que lloro salado lloraré los mares
Vos que llorás tan dulce mi amor
Los ríos y los lagos
Y cuando la tristeza haya traído los mares
Hayan vuelto los ríos y hayan vuelto los lagos
Ahí pasaré a buscarte mi amor algo seco algo mojado
Para que estemos juntos y sonriamos.

...otro disco hermoso de gabo...


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miércoles, septiembre 12, 2007

Liniers x 2



...muchas más cosas de Liniers acá, acá y acá... Encima, va y dibuja la tapa y todas las letras del último de Andrés...



domingo, agosto 26, 2007

Una poesía hermosa para un amigo hermoso

Abrazo Nahuel...


El gozante


Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mí nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

Manuel Castilla

miércoles, agosto 22, 2007

Brillos - Juan Gelman


En la terraza
la niña mira a la luna y
se hace el amor.
¿Quién brilla para quién?
Ella canta canciones oscuras
al universo que tiembla.

lunes, agosto 20, 2007

Intemperie/Yo viví la crisis del 2001 - Iván Moiseeff

Si el mes que viene no consigo trabajo, me compro un rifle de aire comprimido. Mi balcón da al contrafrente de un edificio abandonado, ocupado por las palomas. Entran. Salen. Se quedan en las ventanas. Miran. Todavía me queda algo de plata.

*

Envié ochenta y dos currículums. No me llaman. Odio que no respondan, ni siquiera para decir "no", Ahora llamo por teléfono a las empresas amenazándolos con que hay una bomba en el edificio. "Hay una bomba en el edificio", digo.

*

Las cuentas se deslizan por debajo de la puerta como suaves amenazas. Y cada vez que escucho ese sonido, me tiembla el corazón, esperando una carta con una buena noticia, alguien olvidado que me recuerde.

*

Ayer, pocos segundos después de cortar, el teléfono repiqueteó. Horror. Del otro lado, una voz femenina dijo: "Usted acaba de llamar amenazando con que había una bomba. Tenemos su número de teléfono". Silencio. Me aterré. Pero después la imaginé esperando, satisfecha y excitada por su pequeño atrevimiento, con un tailleur ajustado, peinada, cola de caballo... Una empleadilla, sí, pero con un sueldo seguro por mes y las cuentas pagas. Y de pronto me di cuenta de que yo no tenía nada, no me podían quitar mucho. Y mi tía me pide que deje su departamento. La voz me interrumpió: "Tenemos su número telefónico y podemos conseguir su dirección". Se sentía fuerte. Estallé: "Puta de mierda, la concha de tu madre, hija de puta, te voy a cortar en pedazos..."

*

Hace un mes que le vengo diciendo: "La semana que viene dejo el departamento, no te preocupes". Sospecha que le miento. Tengo miedo. No, miedo no. Difícil. Problema.

*

Por la noche, en la tele, veo reportajes y me imagino cómo respondería yo a esas preguntas -tan íntimas- que les hacen a las celebridades. Me imagino contestando sobre esta etapa de mi vida. "Fue un tiempo difícil", diría con nostalgia y un poco de orgullo por haberlo superado. Después, cuando la señal deja de trasmitir y apago el televisor, el loro de madera que está colgado en la pared en penumbras me recuerda lo triste que soy.

*

No me estoy lavando los dientes porque en diez días tengo una entrevista laboral. No quiero lavarme porque le quiero escupir la cara.

*

Envié un currículum diciendo que sabía de Agronomía. Estaba desesperado. ¿Cuánto pueden tardar en descubrir mi ignorancia sobre la Agronomía? Si soporto un mes, tienen que pagarme ese sueldo. No es una locura.

*

El me vio. No va a tomarme. Pero igual empieza con su "buen día" y todo su discurso sobre la empresa. La cabeza me late y junto saliva...

viernes, agosto 10, 2007

Raymond Pettibon



...otro que dibujó tapas de sonic y de black flag, entre otros... Algunos links: wikipedia, una galería y otra...

jueves, agosto 09, 2007

Savage Pencil


En estos días bajé unos discos de sonic youth y recordé el artista que dibujó algunas de sus tapas, Edwin Pouncey a.k.a. savage pencil. Cliqueando sobre la imagen, acceden a su sitio...

lunes, julio 30, 2007

Banksy

...este me lo recomendó mi amigo Julen...

Hogger Brugge









Increíble historietista y animador... Chequeen su página y más datos en Wikipedia...

jueves, junio 07, 2007

Flasheando en colores...



De visita por Katarsis encontré un enlace al blog del kordobez(?!), un chabón que dibuja...

jueves, mayo 31, 2007

...angustia...


[...]

Erdosain se aprieta la cara con las manos. De tal manera como si quisiera exprimir de su carne un grito que no puede articular su garganta.
La angustia se cierne sobre él semejante alas nubaredas de las grandes chimeneas en los cielos de los poblados industriales. Cuando piensa que su corazón puede estallar en fragmentos un sentimiento de consuelo alivia su martirio. La muerte no es terrible. Es un descanso amoroso, tierno, mullido. Ahora sabe lo que es la muerte. Descansará siempre y su carne se volatilizará en el silencio de la gusanera...
-¿Y el sol?-implora su alma-¿El sol de la noche? Erdosain atisba en el misterio. Sabe perfectamente que existe una fiesta. La fiesta se desenvuelve silenciosamente en la superficie del sol de la noche. ¿Qué es el sol de la noche? No lo sabe, pero se encuentra en algún rincón de trayectoria helada, más allá de los planetas de color y de las vegetaciones retorcidas, de los árboles con deseo.
Crestas puntiagudas de ciudades modernas, cemento, hierro, cristal, enturbian un momento la quietud de Erdosain. Es el recuerdo terrestre. Pero él quiere escaparse de las prisiones de cemento, hierro y cristal, más cargadas que condensadores de cargas eléctricas. Las jazzbands chillan y serruchan el aire de ozono de las grandes ciudades. Son conciertos de monos humanos que se queman el trasero. Erdosain piensa con terror en las "cocottes" que ganan cinco mil dólares semanales, y en los hombres que tienen atravesados los maxilares por dolores tetánicos. Erdosain quiere escaparse de la civilización; dormir en el sol de la noche, que gira siniestro y silencioso al final de un viaje, cuyos boletos vende la muerte.
Se imagina con avidez una frescura nocturna, quizá cargada de rocío. Él podría avanzar llorando su terrible dolor, pedir clemencia.
Quizás alguien en el confín del mundo lo recibiera haciéndolo recostar en una alcoba oscura. Dormitaría hasta que se le hubiera evaporado de las venas el veneno de la locura. Sería una casa grande aquélla, una única casa en el confín del mundo. Frente a la puerta, una mujer alta y fina, sin decir palabra, con un gesto lo invitaría a entrar. Nadie le preguntaría nada. Él se tendería en la cama a llorar, sin vergüenza alguna. Entonces podría llorar dos días con dos noches. Primero serían lágrimas lentas; se taparía la cabeza con la almohada y sollozaría fuertemente, y cuando tuviera en el pecho la sensación de que los pulmones se le habían vaciado de sollozos, nuevamente lloraría. La mujer alta y fina permanecería de pie junto a la cama, mas no le diría una palabra.
Una tiniebla altísima guillotina el sueño de Erdosain. Es inútil. Las casas son terrestres, las mujeres altas y finas son terrestres, lámparas de cincuenta bujías iluminan todos los semblantes, y aún, no ha sido fabricado el lecho de la compasión.
Como un cerdo que hociquea la empalizada de su pocilga para escapar del matadero, Erdosain golpea mentalmente cada leño de la empalizada espantosa del mundo que, aunque tiene leguas de circunferencia, es más estrecha que el chiquero bestial.

No puede escaparse. De un costado está la cárcel. Del otro el manicomio.

[...]

Roberto Arlt, de Los lanzallamas

domingo, mayo 20, 2007

Mi amigo, Andrés

viernes, mayo 18, 2007

StayFree

Agregué a la lista de Links a la derecha, el de StayFree (stayfree.blogspot.com), sitio dedicado a linkear hacia albumes mp3 compartidos por otros usuarios. Postean varios discos a diario y todos son cuanto menos interesantes. A disfrutar!!!

viernes, abril 20, 2007

Gottfried Helnwein

jueves, abril 19, 2007

Canto Azul - Tennessee Williams

Estoy agotado.
Estoy agotado del discurso y de la acción.
Si me encuentras en una
calle, no me interrogues porque
sólo puedo decirte mi nombre
y el del pueblo en
donde nací. Y hasta ahí.
No importa ya si mañana
llegará. Si queda
solamente esta noche y luego
si es de día, no importa ya.
Estoy agotado. Estoy agotado del discurso
y de la acción. En el interior de mi corazón
hallarás un pequeño puñado de
polvo. Tómalo y sóplalo
al viento. Deja que el viento lo tenga
y se encargará de hallar el camino a casa.

Versión en castellano de Andrew Graham-Yooll.

Este poema fue hallado por el profesor de arte Henry I. Schvey, en Nueva Orleans. Había sido escrito, en lápiz, en la parte de atrás de un cuaderno azul que Tennessee Williams usó para sus exámenes finales de griego en 1937, cuando estudiaba en la Universidad de Washington en St. Louis. No había sido dado a conocer hasta hace dos meses, cuando lo publicó el New Yorker. Ahora, el cuaderno forma parte de la Biblioteca de la Universidad de Washington.

jueves, octubre 05, 2006

5 de Octubre

Iglesia


ardo en mi esforzado castigo
ya soy ese cuerpo que en ardor divino deviene


carne, mancillada
lenguas, negras
manos, tintas de sangre


llanto y rechinar de dientes
sin descanso en este páramo de odio.

martes, septiembre 05, 2006

Resistir la felicidad hasta el fin - Juan Luis Martínez

Si tuviera tu amor a mi alcance
ya no tendría la fuerza para escribir.
Las palabras, la angustia quemarían
en las cobijas de nuestras pequeñeces.

Nos quedaría el dolor
de ser dos en una única soledad
y aquello que me atare a tu cuerpo sería
el olor de nuestra muerte conjugada.

Yo soy mi sexo en el espacio abolido:
penetrarte hasta el estallido
no sería ya vivir:
esa línea sombría entre tus muslos
es el inasible vuelo de la verdad.

La marcha de mis manos
sobre la arena de tu piel:
¡ah, recorrer hasta la locura
ese desierto donde se dilatan
los dos soles del desvarío!

Yo te abandono mi cuerpo
y la rabia que contiene:
la conquista de la demencia
es el traspaso de la muerte.

Encerrarnos en la carne
es adelantar la muerte
y relegarla en compañía
de nuestros movimientos rutinarios.
¿Qué es una boca
que no desgarra?

martes, agosto 29, 2006

Los ojos...


Siempre me acuerdo de los ojos de Nicolás cuando me acuerdo que está muerto. No muy grandes, de color violeta al sol; partículas de oro nadaban en ellos más o menos visibles siguiendo la intensidad de la luz. En el centro, la pupila negra, la entrada de una gruta en la que siempre hacía sombra. Las pestañas los rodeaban y los protegían cuidadosamente contra él polvo y el sol demasiado vivo. Y esos ojos servían a Nicolás para ver. De noche, los cerraba para dormir. Volvía a abrirlos por la mañana y se servía de ellos todo el día. Una dulce humedad impregnaba su superficie y las pupilas se deslizaban tan naturalmente que jamás Nicolás sospechaba que hubiera podido sentirlas. Desde lo alto de la terraza, Nicolás podía ver con esos ojos todo el valle del Rissole y, al mismo tiempo, el cielo que lo recubría. Asimismo, pudo ver los ojos de Luce y su inmensa boca acercarse a la suya. Hasta el último minuto, sus ojos han visto. La última vez, fueron dos rieles brillantes que se inscribieron en la gruta sombría.
Ahora, están en el ataúd con todo el resto, con los pies, los cabellos. Nicolás los ha matado. Por ellos, el día inundaba a Nicolás, la alegría, el amor también. Sus ojos eran más que Nicolás. Tal vez no debieron haberle dado a él semejantes ojos, a él que los ha matado.

Marguerite Duras, de La vida tranquila

lunes, agosto 28, 2006

América Scarfó


Por Osvaldo Bayer [Página12 - Domingo 27 de agosto de 2006]
América Scarfó nos dejó para siempre. Murió el sábado pasado. Tenía 93 años. Recibí la noticia con la tristeza de saber que era la última de una época de lucha libertaria. Mi sentimiento no era otra cosa que una melancolía mezcla de enorme cariño y admiración. Fue la compañera de Severino Di Giovanni. El anarquista fusilado por el dictador golpista de uniforme: Uriburu. El 1º de febrero de 1931. Un día después era también fusilado el hermano más querido por América: Paulino Orlando Scarfó. En 48 horas le habían arrancado a la adolescente de 17 años sus dos más grandes cariños. Quedó sola, en un mundo absolutamente enemigo.
Los poetas le cantaron a América Scarfó. A finales de los ’30, el querido Raúl González Tuñón escribirá: “América Scarfó te llevará flores y cuando estemos todos muertos, América nos llevará flores”. Es que había quedado en todos el rostro de América el día en que mataron a su amado Severino: no lloraba, estaba sumamente triste, pero firme. Lo iba a seguir amando toda su vida, como me dijo cuando la fui a entrevistar, allá a comienzos de los setenta. Yo había logrado descubrir dónde estaban las cartas de amor que le había escrito Severino y que en el allanamiento de la quinta de Burzaco se había llevado la policía. Las cartas de amor más bellas que he leído en mi vida. No sólo los uniformes fusilaron a Severino sino que también hicieron “desaparecer” sus cartas de amor. Pero así como los desaparecidos de los setenta reaparecieron en sus Madres, así las cartas reaparecieron ante la búsqueda sin fin del historiador. En sus líneas de despedida, antes de recibir las balas militares, Severino le escribe a América: “Carissima: más que con la pluma, el testamento ideal me ha brotado del corazón hoy, cuando conversaba contigo: mis cosas, mis ideales. Besa a mi hijo, a mis hijas. Sé feliz. Adiós, única dulzura de mi pobre vida. Te beso mucho. Piensa siempre en mí. Tu Severino”. Antes de esas últimas líneas, se le había concedido a Severino despedirse de América, que también estaba detenida.
América le dio el último abrazo, él la besó. Le pidió a ella que cuidara de los hijos de él y de Teresina, su esposa. América le dijo: “voy a seguir con tu recuerdo hasta mi muerte”. El la miró con mucha tristeza y le respondió: “¡Oh, Fina, tu sei tan giovane!”. Se besaron de nuevo. América salió mirándolo a Severino. Por ello tropezó con una rejilla y Severino le gritó: “¡ten cuidado!”.
Los más destacados periodistas de Buenos Aires estuvieron en el fusilamiento. La mejor crónica fue la de Roberto Arlt, que no puso ningún comentario propio sino sólo la descripción de ese teatro irracional de la fuerza bruta contra las ideas.
“La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes”, serán las últimas palabras de la crónica del periodista del Buenos Aires Herald.
Al día siguiente, caerá también Paulino Scarfó ante el pelotón de fusilamiento. Tanto a Severino como a Paulino, antes de fusilarlos, la policía de Uriburu los había torturado bárbaramente. Pero ellos no delataron a ningún compañero. El último encuentro entre América y Paulino será muy breve. Ella no pudo disimular su dolor al ver el rostro hinchado de él. El la contuvo diciéndole: “no llores”. Y luego agregó con mucho cariño: “pobre pibita” y le dio un beso en la mejilla. América lo besó muy fuerte y le preguntó: “¿no querés ver a mamá?” El le respondió: “no, ¿no ves cómo estoy?”. “Es que se le notaban las torturas. Y agregó: “sigue estudiando. Estoy deseando que esto termine de una vez”. La besó. América volvió a abrazarlo y se miraron a los ojos. Ella no lloró. El policía Florio urgió para que terminaran. América se fue con paso firme. Los periodistas notaron una lágrima en su rostro. Severino y Paulino gritaron antes de la orden de “fuego” las palabras que definían su ideología: “Viva la anarquía”. Fue en la penitenciaría. Las descargas se escucharon en los jardines de Palermo.
Severino fue un antifascista, y estaba convencido de que la única manera de responder a la violencia de arriba era con la violencia de abajo. Sus atentados fueron siempre contra entidades fascistas o norteamericanas cuando se supo la condena a muerte de los dos héroes proletarios Sacco y Vanzetti. Sus escritos hablan de su pasión por su ideología del socialismo en libertad. La policía lo sorprendió cuando salía de una imprenta. Su huida por las calles de Buenos Aires quedó como algo legendario. En el tiroteo cayó una niña, y por supuesto le adjudicaron a él esa muerte cuando fue notorio que recibió balas policiales.
En el escritorio del luchador anarquista, la policía encontró debajo del vidrio esta frase: “Estimo a aquel que aprueba la conjuración y no conjura; pero no siento nada más que desprecio por esos que no sólo no quieren hacer nada sino que se complacen en criticar y maldecir a aquellos que hacen”.
En 1928, en una carta, Severino le escribirá a América: “El amor, el amor libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, de trabajo y de amor”. Fue un amor pleno que duró poco porque todo terminó en tragedia. Cuando América se va a vivir con Severino en la quinta, muy arbolada, de Burzaco, ya él era el perseguido número uno de la sociedad argentina. Ella sentirá miedo todas las noches y duerme abrazada a él. Una noche ella siente ruidos como de gente que entra a la quinta y trata de despertarlo. Le dice en voz baja pero insistente: “Severino, Severino, la policía”. El se despierta apenas, la acaricia y le responde: “América, no, son los pájaros... duerme... duerme”. De eso ella nunca se olvidará, me lo contará en uno de nuestros tantos encuentros, mientras elaboraba una nueva edición de mi libro.
Caídos sus dos seres más queridos, la joven América será protegida por sus compañeros de ideas. En ese período escribirá artículos para diarios anarquistas europeos en defensa de los derechos de la mujer. Y continuará con sus estudios, los cuales nunca dejó ni cuando era ya octogenaria. Por ejemplo, se recibió de profesora de italiano y rindió todas las pruebas en forma brillante.
Muchos años después de la tragedia, América encontrará un compañero de ideas con el cual fundará la librería y editorial Américalee. El nombre lo dice todo. Durante muchos años, fue la librería libertaria más completa de la ciudad y la editorial se dedicó a publicar todos los pensadores del socialismo libertario.
Hace pocos años, estábamos todavía en el menemismo, América volvió a aparecer en los diarios. Es que un día que la fui a visitar, me expresó que ya estaba cerca de la muerte y que antes de irse para siempre quería estrechar en su corazón las cartas de amor de Severino. Que como yo sabía dónde estaban me pedía que hiciera todo lo posible para lograr su devolución. Le dije que iba a poner todo mi empeño. Lo fui a ver a Unamuno, el director del Archivo General de la Nación. Siempre dispuesto a la ayuda me preguntó donde había visto esas cartas la última vez. Le dije: “en el Museo Policial, en un archivo aislado”. Me respondió: “Bueno, quien puede darte permiso, por ser policial, es el ministro del Interior, Corach”. (“La última anécdota que me faltaba”, pensé.) Pedí la entrevista junto con América. Nos recibió a los dos días. Le expresé el deseo de América. Me dijo que iba a hacer las averiguaciones pertinentes para cumplir con los deseos de ella y agregó: “No se olvide, Bayer, que yo me llamo Carlos W. Corach. Carlos, por Carlos Marx, y W. Por Wladimiro Lenin”. Me sorprendí y no pude menos que decirle sonriente: “No lo parece”.
A los dos días nos llama el jefe de la Policía Federal que me esperaba en su despacho. Fui con América. Nos recibieron el jefe y el subjefe. El jefe me escuchó con forzada benevolencia. (El subjefe tenía una sonrisa cachadora como diciendo: “cómo se vino éste acá”). Le expliqué, pero el jefe me respondió grandilocuente: “usted me pide algo que pertenece a la Policía Federal. Mire (y tomó un cenicero): esto aquí tiene la palabra ‘Policía Federal’, si usted me lo pide le tengo que decir que no, porque no me pertenece a mí ni a nadie sino sólo a la Policía Federal”. Le insistí: “pero no se trata de un cenicero, son cartas de amor”. Me volvió a mostrar el cenicero, con gesto triunfal: “sí, pero las dos cosas pertenecen a la Policía Federal”. Entonces tomó la palabra América que con voz suave pero firme le expresó: “señor, son cartas de amor que me escribieron a mí, me pertenecen a mí. No es un documento policial o que sirva como prueba de algún delito. Las cartas me pertenecen sólo a mí”. El seguro policía se sintió molesto y sentenció: “pongan un abogado, se resolverá”.
Pusimos el abogado y pronto llegó la respuesta. Carlos Wladimiro nos citó en la Casa de Gobierno para devolver las cartas de Severino Di Giovanni a su amada América Scarfó.
Cómo habrá acariciado las cartas esa bella anciana de ojos muy negros y cabellos blancos como la nieve.
Ella no está más. Sus cenizas fueron enterradas en el pequeño jardín de la Federación Libertaria, la casa que no se rinde. Ahí iremos una vez por mes a leerle a ella una carta de amor del luchador caído.

26 de agosto

[paramodular]

pensar en el final; hacerse ciertas preguntas
unir los puntos de esa trama
reconocerse en ese dibujo que como una mancha ciertamente nos devora
a manera de peste, olvido, resignación, sometimiento
y siempre siempre ese miedo como un ruido que solo escucha cada uno
una carta esperada que nunca llega.

domingo, junio 04, 2006

serie awschuitz - wasserman - cuatro

cuatro


ahora sí/la
lluvia se lleva
todo/es LA GRAN
INUNDACIÓN
/la

pérdida final/absoluta/
como un fuera de
foco primero o forma
indefinida/vago

mezclarse de agua
luego/delicada
turbiedad/nimia

resonancia muda/gesto,
mimesis/retorno equivocado
y espejo roto al fin.


junio 2006

jueves, febrero 16, 2006

Christmas card from a hooker in Minneapolis

hey charlie i'm pregnant and living on the 9th street
right above a dirty bookstore of euclid avenue
and i stopped takin dope and i quit drinkin whiskey
and my old man plays the trombone and works out at the track
and he says that he loves me even though its not his baby
and he says that he'll raise him up like he would his own son
and he gave me a ring that was worn by his mother
and he takes me out dancin every saturday night.

and hey charlie i think about you everytime i pass a fillin station
om account of all the grease you used to wear in your hair
and i still have that record of little anthony & the imperials
but someone stole my record player now how do you like that?
hey charlie i almost went crazy after mario got busted
so i went back to omaha to live with my folks
but everyone i used to know was either dead or in prison
so i came back to minneapolis this time i think i'm gonna stay.

hey charlie i think i'm happy for the first time since my accident
and i wish i had all the money that we used to spend on dope
i'd buy me a used car lot and i wouldn't sell any of em
i'd just drive a different car every day, dependin on how
i feel

hey charlie for chrissakes do you want to know the
truth of it? i don't have a husband
he don't play the trombone and i need to borrow money
to pay this lawyer and charlie, hey i'll be eligible for parole
come valentines day


Tom Waits

jueves, enero 26, 2006

Últimas lecturas...

II

Dorothy Lamour: (en un claro de la jungla, junto a una cabaña, canta en la noche acompañándose con un ukelele; su mirada, plácida e ilusionada, denota un profundo amor por el forastero a quien dedica la canción)

Melodías se abren paso
entre plantas de bambú,
entre luz de luna y sombras
cuando te me acercas tú.

En la noche de la jungla
me asusta la oscuridad,
pero con tu abrazo fuerte
mi temblor aquietarás.
(De La princesa de la selva, Paramount.)

Buenos Aires, 21 de mayo de 1969
Está de pie en medio de la habitación, el cuerpo alerta. Como única vestimenta lleva una toalla arrollada a la cintura que muestra los músculos en tensión de las pantorrillas velludas, en tanto los brazos fuertes extendidos hacia adelante presentan las manos crispadas, con los dedos enarcados. La boca entreabierta denota sorpresa. La oreja está tendida hacia la puerta de calle: el arranque de un motor de auto en segunda velocidad, ocho pisos más abajo, se yuxtapone sin cubrirlo al chirrido de una puerta metálica de ascensor que se abre en el pasillo de ese mismo piso del edificio de departamentos. La pérdida de agua de una canilla de la cocina produce en cambio un sonido imperceptible. También son imperceptibles la vibración del filamento, próximo a fundirse, de una lamparita encendida en el baño, y el paso del vapor caliente por la instalación calefactora compuesta de dos radiadores visibles y cañerías ocultas dentro de la pared. Los pies descalzos pisan sobre una alfombra cuadriculada de yute color natural. El yute trenzado es levemente áspero al tacto, cubre en parte el piso de madera encerada muy lisa y por lo tanto resbalosa. Pero la superficie más pulida corresponde aun cenicero de cristal francés. También son suaves al tacto un .jarrón de cerámica pintado a mano con esmalte, la tela mezcla de seda con fibra sintética que tapiza dos sillones, los mosaicos e implementos sanitarios del baño, la piel de él en los lugares donde no crece vello -espalda, hombros, nalgas, parte del pecho- y la casi totalidad de la piel de la mujer inmóvil en la cama. La superficie más áspera corresponde aun cuadro de autor contemporáneo de la escuela tachista, cuyos grumos de pintura configuran relieves granulosos y hasta puntiagudos; sus colores predominantes son el amarillo y el negro. Hay varios cuadros más en el departamento, entre ellos uno de dimensiones inusitadas -dos metros de alto por dos de ancho- casi íntegramente ocupado por un círculo color añil sobre fondo gris. Contra una de las paredes -todas pintadas de blanco- hay una cama turca, las sábanas celestes tienen una guarda azul y las dos frazadas son marrón claro. La piel de la mujer inmóvil es muy blanca, la mordaza de la boca ha sido improvisada con un pañuelo de hombre de seda multicolor pero sobria, las manos están atadas por detrás con una corbata de luto. El color de los ojos de la mujer no se alcanza a percibir porque están cerrados, además, debajo del párpado izquierdo falta el globo ocular correspondiente. En el resto del cuerpo no se vislumbran huellas de violencia, tales como hematomas violáceos o heridas con sangre coagulada roja oscura. Tampoco hay rastro alguno de violencia sexual. Las seis colillas de tabaco que se reparten entre el cenicero de cristal y otro de bronce no presentan huellas de lápiz labial. El cenicero de bronce labrado en la India contiene el único cigarrillo encendido, el humo describe una línea recta vertical. De ambos ceniceros se desprende un leve olor a tabaco ardido, perceptible sólo a pocos centímetros. También a pocos centímetros de la superficie que lo emana es posible percibir -junto al cuello de la mujer- un dulce extracto francés y -junto a las axilas de él- el ácido característico de la transpiración. Dicha transpiración ha humedecido la bocamanga de una camisa -las dos manchas producidas son ovaladas- ahora puesta sobre una silla con otros indumentos masculinos. Hay también manchas de humedad en el techo, en varios tonos de verde, y debajo del lavatorio del baño, donde la capa de revoque y pintura resquebrajada está además sombreada por el polvo adherido que no se quita durante operaciones de limpieza por temor a agrandar las grietas. Pocos centímetros más abajo, en el piso junto a la base del lavatorio, yace un trozo de algodón hidrofílico embebido de cloroformo, en parte ya evaporado. También en la cocina hay un trozo de algodón, junto a una ampolla para inyectar de color rojo; sobre la misma planchada de mármol hay otra ampolla, pero rota y vaciada, cuyas paredes están teñidas por el líquido amarillento que contenían. A pocos centímetros, sobre una de las hornallas, se ve una caja metálica rectangular con agua para esterilizar la jeringa y su correspondiente aguja hipodérmica. La única ventana de la cocina está adornada por una cortina, confeccionada en una muy liviana tela de lino que se halla suspendida por el paso de una brisa leve. Esa misma brisa carece de fuerza en cambio para modificar la posición de los restantes objetos de la cocina, incluido el trozo de algodón por estar cargado de alcohol. Colgados en la pared opuesta a las hornallas hay utensilios varios y también detalles decorativos entre los que se destaca un reloj eléctrico de madera y bronce que marca las 9.30. También de bronce son las manijas de los cajones del aparador. En el cajón más alto están guardados los cubiertos, abrelatas y sacacorchos. Pero el borde más filoso corresponde a la cuchilla, habitualmente guardada, por su tamaño mayor, en el segundo cajón, más espacioso, junto a servilletas y manteles de uso diario. No se encuentra allí en este momento, y además seria difícil determinar si dicha cuchilla no es menos filosa que la tijera de acero inoxidable traída como regalo de Toledo, y colocada sobre el escritorio de la habitación principal junto a una pila de revistas y diarios con artículos marcados para recortar, a pocos centímetros de un cortapapel de borde casi romo. La tijera nombrada ha recibido un tratamiento químico especial que le confiere brillo dorado y es uno de los objetos que más relucen en la habitación, junto con la arandela plateada de la lámpara de pie, las uñas nacaradas de la mujer tendida y el cenicero de cristal. En cambio la hoja de la cuchilla no puede reflejar y refractar rayos lumínicos porque la cubre el colchón de la única cama del departamento. Por otra parte el metal se halla mal pulido a causa del método de limpieza ineficaz y en sectores aparece oxidado, especialmente junto a las partes melladas. A la luz, no obstante, se apreciaría esa cuchilla como un implemento de cocina poco común, ya que se trata de una pieza importada de Marruecos, a precio elevado, abundante en detalles de refinada artesanía. Costosos también son los cuadros, todos de firmas cotizadas, un tocadiscos de alta fidelidad y un revólver Smith 38, cargado con seis balas y guardado en uno de los cajones de la mesa de luz. El objeto de menos valor de la habitación es una caja de fósforos de cera, casi vacía. Este objeto además es uno de los más livianos de la habitación, junto con las hojas sueltas que yacen sobre el escritorio; una pluma de avestruz incrustada en un tintero antiguo, un camisón de tela sintética arrumbado en un rincón, y un par de largas y finas agujas de metal. Se trata -en el caso nombrado por último- de instrumentos aplicados en los tratamientos de acupuntura, la milenaria ciencia médica china cuyos cultores detectan a flor de piel los puntos invisibles en que se ha de punzar, con propósitos di- versos: la energía vital circula en la superficie del cuerpo sin detenerse nunca, hasta la :muerte, cumpliendo como índice de equilibrio una trayectoria simétrica, y dicho equilibrio puede ser preservado -o roto- si así lo disponen aquellos cultores, pues les bastará clavar la larga aguja -no dejará huellas- en algún punto específico. El chirrido, ya apuntado, de la puerta metálica del ascensor corresponde a la acción ejercida por una mujer en el momento de cerrarla. Esa mujer tiene una mano en la manija de la puerta y la otra en su bolso, al que aferra nerviosamente. La actitud de su cuerpo hace prever que se dirigirá hacia la puerta del departamento donde el hombre de la toalla escucha, con expresión de desmesurada excitación, los rumores que llegan del pasillo.
Manuel Puig, de The Buenos Aires Affair.

...y acerca del LSD

LSD

El descubrimiento de esta sustancia -la dietilamida del ácido lisérgico- se produjo de modo no enteramente casual pero sí imprevisto, en 1943, dentro de las investigaciones que A. Hofmann proseguía sobre los alcaloides del hongo llamado cornezuelo o ergot, tras haber hecho notables descubrimientos para la prevención de hemorragias posparto. Hofmann buscaba un estimulante circulatorio y respiratorio cuando absorbió sin querer (probablemente por vía cutánea) un compuesto que tenía clasificado con el número 25 desde años atrás. Las extrañas reacciones subjetivas le decidieron a hacer un auto ensayo, usando cantidades ridículamente pequeñas, con la pretensión de quedar a cubierto de cualquier eventualidad. Para ser exactos, empleó 0,25 miligramos (250 millonésimas de gramo o gammas) diluidas en agua, y una hora más tarde estaba inmerso en una enorme excursión psíquica, donde la hilaridad irreprimible se combinaba con agudas aprensiones. Había tomado dos veces y media la dosis estándar. La historia posterior de la LSD se ha contado a menudo. Tras seducir a neurólogos y psiquiatras del mundo entero desde 1950 -hasta el extremo de que en 1960 había más de mil comunicaciones científicas y monografías publicadas sobre la sustancia-, un conglomerado de factores precipitó su irrupción masiva en la calle. En semanas pasó de ser el más prometedor hallazgo a «amenaza número uno de América», y de dúctil medicamento a droga sin ninguna utilidad terapéutica. Hasta hace unos veinte años fabricar LSD resultaba relativamente caro y expuesto a estorbos, pues el principal precursor químico -la ergotamina- dependía necesariamente del ergot. Pero se ha descubierto un modo de multiplicar el hongo en tanques de fermentación, a muy bajo precio, y hoy es sencillo producir toneladas de ergotamina sin necesidad de recurrir a cereal parasitizado. De ahí que un kilo de LSD (10.000.000 de dosis estándar) venga a costar aproximadamente seis millones de pesetas. Si no hay ahora en el mercado negro grandes partidas de producto barato y muy puro es por razones extrafinancieras, ligadas finalmente al cambio de valores y actitudes que se produce desde mediados de los años setenta. Con todo, algunos sondeos indican que los sustitutos actuales -la psiquedelia de diseño y cultivos domésticos de hongos psilocibios- no han borrado el recuerdo de la LSD; al contrario, vuelve a haber interés en la calle, y psicoterapeutas de todo el mundo reclaman con insistencia creciente que se levanten las restricciones a su empleo médico y científico. Por otra parte, los pequeños círculos donde ha seguido consumiéndose LSD aprendieron la lección de los años sesenta, y lo hacen actualmente con cautela. Hoy es raro encontrar en el mercado negro la sustancia en unidades que contengan más de 50 gammas, y hace veinte años la cantidad media rondaba las 200. Pero si en el futuro se produjera un fenómeno remotamente parecido al de los años sesenta, la extraordinaria baratura de esta droga -sumada a sus específicas propiedades (en el espacio ocupado por un décimo de gramo caben mil dosis)- pondrían en grave aprieto a la policía de estupefacientes. I. Las propiedades farmacológicas de la LSD lindan con lo pasmoso. Una mota prácticamente invisible produce lo que el psiquiatra W. A. Stoll definió como «experiencia de inimaginable intensidad». La dosis activa mínima en humanos es inferior a 0,001 miligramos por kilo de peso. La dosis letal no se ha alcanzado. Sabemos, sin embargo, que el margen de seguridad alcanza por lo menos valores de 1 a 650, y que probablemente se extiende bastante más allá, cosa sin remoto paralelo en todo el campo psicofarmacológico. El factor de tolerancia no existe, pues quien pretenda mantener sus efectos con dosis sucesivas se hace totalmente insensible en una decena de días, incluso usando cantidades gigantescas. La metabolización acontece también en un tiempo récord (dos horas), comparada con la de cualquier otro compuesto psicoactivo; 1as constantes vitales no se ven prácticamente afectadas. Para una persona que pese entre 50 y 70 kilos, una dosis de 0,02 miligramos (20 gammas o millonésimas de gramo) produce ya una notable estimulación y claridad de ideas, aunque no modificaciones sensoriales. La dosis estándar es de 0,10 miligramos (100 gammas), y prolonga su acción entre 6 y 8 horas, desplegando ya algunos efectos visionarios. A partir de 0,30 miligramos (300 gammas) comienzan las dosis altas, que pueden prolongar su acción 10 o 12 horas. Si la mescalina guarda un estrecho parentesco con el neurotransmisor norepinefrina (noradrenalina), la LSD presenta analogías estructurales con el neurotransmisor serotonina, al que se atribuyen regulación de la temperatura, percepción sensorial e iniciación del reposo nocturno. A finales de los años sesenta aparecieron informaciones muy publicitadas sobre efectos teratógenos (creadores de anomalías congénitas) y hasta cancerígenos de la droga. En tono menor, se dijo también que producía «alteraciones» cromosomáticas, de alcance indeterminado. Pero el National Institute of Mental Health americano realizó 68 estudios separados desde 1969 a 1971, de los que se dedujo que la aspirina, los tranquilizantes menores, el catarro común y en especial el alcohol producen claras alteraciones cromosomáticas. La polémica quedó zanjada poco después, cuando la revista Science declaró que «la LSD pura en dosis moderadas no lesiona cromosomas, no produce lesión genética detectable y no es teratógena o carcinógena para el ser humano». La contundencia de la declaración no era ajena a descubrirse que las informaciones distribuidas a la prensa sobre teratogenia de la LSD provenían originalmente de un grupo de alcohólicos, sometidos a tratamiento de deshabituación con ella. Como era de esperar, el desmentido de la comunidad científica recibió incomparablemente menos publicidad que el infundio previo. II. Los efectos subjetivos se parecen a los de la mescalina, si bien son todavía más puros o desprovistos de contacto con una «intoxicación» en general. No se siente nada corpóreo que acompañe a la ebriedad, al contrario de lo que acontece -en distintos grados- con cualquier otra droga. El pensamiento y los sentidos se potencian hasta lo inimaginable, pero no hay cosa semejante a picores, sequedad de boca, dificultades para coordinar el movimiento, rigidez muscular, lasitud física, excitación, somnolencia, etc. Frontera entre lo material y lo mental, el salto cuántico en cantidades activas representado por la LSD implica que comienza y termina con el espíritu; como sugirió el poeta H. Michaux, el riesgo es desperdiciar el alma, y la esperanza ensanchar sus confines. Aunque no lleguen a ser cualitativas, hay considerables diferencias entre dosis medias y altas, superiores a las existentes entre dosis altas y muy altas. La excursión psíquica, que en dosis leves y medias es contemplada a cierta distancia, se convierte en algo envolvente y mucho más denso con cantidades superiores. Las visiones siguen siendo tales -y no alucinaciones-, ya que se conserva la memoria de estar bajo un estado alterado de conciencia, y la capacidad de recuerdo ulterior. Sin embargo, ahora arrastran a compromisos inaplazables ante uno mismo y los demás. Convencimientos y percepciones beatíficas alternan con un desnudamiento de los temores más arraigados, dentro de un trance que del principio al fin desarma por su esencial veracidad. Balsámica o inquietante, la luz está ahí para quedarse, iluminando lo que siempre quisimos ver -sin conseguirlo del todo- y también lo que siempre quisimos no ver, lo pasado por alto. Esto no quiere decir que las experiencias carezcan de un tono general más glorioso o más tenebroso, sino tan sólo que esas dimensiones nunca resultan disociables por completo. A mi juicio, las experiencias más fructíferas son aquellas donde se recorre la secuencia extática entera, tal como aparece en descripciones antiguas y modernas. Por este trance entiendo una primera fase de «vuelo» (subida es el término secularizado), que recorre paisajes asombrosos sin parar largamente en ninguno -viéndose el sujeto desde fuera y desde dentro a la vez-, seguida de una segunda fase que es en esencia lo descrito como pequeña muerte, donde el sujeto empieza temiendo volverse loco para acabar reconociendo después el temor a la propia finitud, que una vez asumido se convierte en sentimiento de profunda liberación. Es algo parecido a cambiar la piel entera, que algunos llaman hoy acceso a esferas transpersonales del ánimo. Bajo diversas formas, he atravesado esa secuencia en cuatro o cinco ocasiones. La primera vez, hace más de dos décadas, sobrevino tras la necedad de tomar LSD para soportar mejor una velada con gente aburrida, y la última -hace pocos años- se produjo con una dosis alta del fármaco, quizá algo superior a las 1.000 gammas. La inicial selló el tránsito de juventud a primera madurez, y la última marcó una aceptación del otoño vital. En realidad, fueron trances tan duros que no percibí entonces su aspecto positivo o liberador; solo en experiencias ulteriores, de maravillosa plenitud, comprendí que con el recorrido por lo temible había pagado de alguna manera mis deudas, al menos en medida bastante como para acceder sin hipoteca a estados de altura. Si tuviera que matizar la diferencia entre LSD y otros visionarios de gran potencia, diría que ninguno es más radiante, más nítido y directo en el acceso a profundidades del sentido. Eso mismo le presta una cualidad implacable o despiadada, que no se aviene al fraude y ni tan siquiera a formas suaves de hipocresía, apto sólo para quienes buscan lo verdadero a cualquier precio. Y diría también que para ellos guarda satisfacciones inefables. La amistad, el amor carnal, la reflexión, el contacto con la naturaleza, la creatividad del espíritu, pueden abrirse en universos apenas presentidos, infinitos por sí mismos. Como dijo Plutarco, tras iniciarse en los Misterios de Eleusis: «Uno es recibido en regiones y praderas puras, con las voces, las danzas, la majestad de las formas y los sonidos sagrados.» III. A fin de decidir sobre usos sensatos e insensatos, lo primero es, tener presente que «las formas y los sonidos sagrados» -según el mismo Plutarco- vienen luego (o antes) del «estremecimiento y el espanto». Si la LSD consistiera solamente en tener delante de los ojos bonitos juegos calidoscópicos, viendo cómo los colores se convierten en sonidos y viceversa, gozaría sin duda de gran aceptación como pasatiempo físicamente inocuo; pero los cambios sensoriales se ven acompañados de una profundización descomunal en el ánimo, que empieza borrando del mapa cualquier servidumbre con respecto a pasatiempos. Se trata, pues, de televisores que no requieren aparato, y de grandiosos cuadros que no requieren luz para ser contemplados; pero no de visiones que se muevan oprimiendo el botón de canales, o que no nos comprometan radicalmente en un viaje de autodescubrimiento. Llamativo resulta que ese viaje de autodescubrimiento lleve pronto o tarde a la crisis del yo inmediato, haciendo que el sí mismo se amplíe a regiones antes desocupadas, y abandone otras consideradas como patria original. Precisamente esta capacidad de reorganización interna determinó los principales usos médicos de la LSD mientras fue legal. Herramienta privilegiada para acceder a material reprimido u olvidado, la sustancia se usó con «éxito» -según psiquiatras y psicólogos- en unos 35.000 historiales de personas con distintos trastornos de personalidad, sin que los casos de empeoramiento o tentativa de suicidio superasen los márgenes medios observados con cualquier otra psicoterapia. También se observaron sorprendentes efectos en el tratamiento de agonizantes, pues el 75% de los enfermos terminales a quienes se administró pidió repetir, y el personal hospitalario pudo detectar grandes mejoras en cuanto a llanto, gritos y horas de sueño se refiere; de hecho, resultó mucho más eficaz para aliviar sus últimos días que varios narcóticos sintéticos usados como término de comparación. La experiencia médica, y la psicoterapéutica en particular, pusieron en claro lo previsible: que el tratamiento con LSD no rendía buenos resultados para el conjunto de personas llamadas «psicóticas», y que sólo parte de los «neuróticos» respondía adecuadamente. También se observó que una proporción abrumadoramente alta de los «sanos» (casi el 90%) respondía de modo positivo y hasta entusiasta a sesiones bien preparadas. A mi juicio, no hay duda alguna de que la LSD tiene un potencial introspectivo quizá inigualable, y que posee usos estrictamente médicos de gran interés. Como penúltima cuestión resta saber hasta qué punto es también una droga para festejar, en reuniones que excedan el marco de grupos muy restringidos. Actos de este tipo tuvieron su culminación en Woodstock, cuando medio millón de personas convivieron en un mínimo espacio durante tres días, sin provocar ningún acto de violencia. Aquello tuvo bastante de milagro, como los masivos festivales psicodélicos previos, y durante esos años asistí a varias celebraciones -mucho más modestas pero multitudinarias también- donde el fármaco no produjo el menor brote de agresividad suicida o dirigida hacia otros, sino más bien todo lo contrario, con torrentes de afecto y comprensión. A pesar de ello, hoy sería más cauteloso, y (cuando menos en mi territorio) no «viajaría» nunca con personas desconocidas. Para ser exactos, no aceptaría tampoco una dosis de LSD venida de alguien que no fuese de mi entera confianza -y que no la hubiese probado antes. La última cuestión es determinar si este fármaco puede enloquecer al que no era previamente «loco». No he conocido ningún caso semejante, y creo haber tenido experiencias con un número próximo al millar de personas. He visto mucho sufrir, y mucho andar perdido, empezando por mí mismo, pero no a alguien que perdiese el juicio duraderamente; más bien he visto a personas bendiciendo el momento en que les hizo decidirse a entrar en la experiencia visionaria, entregadas con toda su alma al amor y la belleza de lo real. Para ser exactos, la experiencia más aterradora de cuantas recuerdo tuvo por sujeto a un joven psiquiatra, que llegó a la casa de campo donde celebrábamos una tranquila sesión, y al enterarse de ello se lanzó a un largo discurso sobre psicosis permanentes y lesiones genéticas. Alguien tuvo la ocurrencia de preparar té y -una vez bebido- sugerir a aquel hombre que contenía LSD. Eso bastó para lanzarle a un violento ataque hipocondríaco, donde pasó de la amenaza de infarto a la parálisis muscular, y de ésta a una crisis de hígado, con agudos dolores que iban cambiando de localización. Conscientes de que no había LSD en el té -y literalmente paralizados por las carcajadas-, no nos dimos cuenta de la gravedad del caso hasta que vimos al sujeto precipitarse en mangas de camisa por un denso campo de chumberas, mientras gritaba que pediría ayuda a la Guardia Civil. Cuando ya estaba hecho un acerico, logramos que nos permitiera llevarle en coche a su hotel, y le juramos por nuestras vidas que su cuerpo estaba libre de toda intoxicación. Sin embargo, visitó efectivamente el cuartelillo de la Benemérita algo después (para desdicha nuestra), y durmió esa noche en la unidad de urgencias de un hospital, curándose el supuesto envenenamiento con buenas dosis de neurolépticos. Esto sucedió en 1971, y tengo entendido que actualmente es considerado una eminencia en toxicología. Al revés de lo que sucede con casi cualquier droga, la dosis leve de LSD no es más segura o recomendable que la media, e incluso que la alta. Dosis leves seguirán prolongando su efecto durante seis o siete horas, y sugiriendo una excursión psíquica profunda, pero, ponen al viajero en la tesitura de quien debe auparse para mirar al otro lado de un muro, en vez de sentarle sobre el muro mismo, con todo el horizonte a su disposición. Tener que auparse suscita a veces desasosiego, así como una vacilación entre lo rutinario y lo extraordinario, pensando que el viaje ha concluido antes de tiempo, o no va a acontecer. Estos inconvenientes no los padece quien va sobrado de dosis, porque el caudal de sensaciones y emociones le sugiere digerir por dentro sus descubrimientos. Si dosis leves producen una estimulación psicodélica, dosis medias y altas convierten ese estoy-no estoy en una realidad psicodélica, que tiene sus propios antídotos para las dudas. Me parece un buen ejemplo de infradosis con LSD el de una mujer joven y grande, que tomó 100 gammas en una playa, para pasar allí la noche con un grupo de amigos. Inquieta, en parte por la persistencia de lo habitual, horas después decidió volver a su casa, sola, y puso en marcha una cadena de peligrosos disparates. Condujo 20 retorcidos kilómetros, asaltada de cuando en cuando por distorsiones perceptivas, comprendió que seguía viajando, fue a una discoteca -donde se sintió aún más sola- y tras varias peripecias (entre ellas una violación frustrada) acabó saludando la salida del sol con lágrimas de arrepentimiento. Empleando una dosis de 200 gammas no habría pensado siquiera en coger el coche.

Antonio Escotado, de Aprendiendo de las drogas – Usos y abusos, prejuicios y desafíos

¡Feliz Cumpleaños, Dr.Hofmann!

Cien años de lisergia

El 11 de enero, Albert Hofmann, padre del LSD (droga que en los años sesenta formó parte de la utopía hippie) cumplió 100 años de edad. El científico suizo continúa con su fundación (www.hofmann.org), donde lucha por la legalización del uso del LSD en manos de los psiquiatras, y el tema fue tratado (del 13 al 15 de enero) en el simposio internacional realizado en Basel. Más datos: www.lsd.info


Revista Ñ nº 121 - Sábado 21-01-2006

viernes, octubre 28, 2005

Escarbar...

[…]Ella quería algo, y él quería algo. Furiosamente y con muecas violentas, hundía el uno la cabeza en el pecho del otro. Algo querían, y ni sus abrazos, ni sus cuerpos encabritados, les hacían olvidar nada; les recordaban más bien el deber de buscar algo más; como perros que escarban desesperados la tierra, así escarbaban ellos en sus cuerpos. Y desamparados, desengañados, buscando todavía una última dicha, se lamían y lamían la cara con las lenguas. Sólo la fatiga los calmó, y quedaron agradecidos el uno al otro. Luego, subieron las criadas. «Mira cómo están esos ahí tirados», dijo una, y piadosamente les echó una manta encima. […]

Franz Kafka, de El castillo.

miércoles, octubre 05, 2005

Acerca del deseo y del amor

[…]-¡Oh, no, no es exactamente eso! Ya le he dicho que me cuesta explicarme. Usted me cohíbe. No tome a mal mi parloteo. Debe comprender que, conmigo, no puede enfadarse: estoy sencillamente loco. Aunque por lo demás, puede enfadarse. No me importa. Cuando estoy en mi cuartucho me basta recordar el fru-fru de su vestido, y estoy dispuesto a morderme los puños. Y, ¡por que se enoja conmigo? ¡Porque me declaro su esclavo? ¡Aprovéchese, aprovéchese de mi esclavitud! ¿Sabe usted que un día la mataré? No porque haya dejado de quererla, ni por celos. Sencillamente la mataré porque, a veces, siento deseos de comérmela. Ríase. .. […] ¿Sabe una cosa? Es peligroso pasear conmigo. Con frecuencia siento un deseo irreprimible de pegarle, de desfigurarla, de asfixiarla... ¿Que espera, que no lo haga? Usted me saca de quicio... ¿Cree que temo el escándalo? ¿O su ira? ¡Que me importa a mi su ira! Amo sin esperanzas, y se que si hago lo que le digo, la amaré mil veces más. Y si algún día la mato, también tendré que matarme yo. Pero me matare lo más tarde posible, para poder saborear, sin usted:
este dolor insoportable; y sepa usted algo casi , inconcebible: cada día la amo más, aunque esto sea casi imposible. […]

Fedor Dostoyevski, de El jugador.

domingo, agosto 07, 2005

...alguien muere.

El jardín estaba en penumbras, era el momento que va del día a la noche, en el cielo brillaba una luna pálida, la lámpara olvidada en la habitación de los muertos.

Milan Kundera, de La insoportable levedad del ser.

Cayo Valerio Cátulo - LXXXV

Odio y amo. Me preguntarás cómo lo hago.
No lo sé. Pero sé qué és, y me crucifica.

lunes, julio 25, 2005

Gaspar Noe

viernes, julio 22, 2005

arbol

(...)
ella es un sueño que no me deja dormir
un pensamiento que me quema la cabeza
pienso y la veo llorando despacio
y recordando lo que nunca pasó
se le olvido que las nenas no vuelan
lo fué a buscar pero nunca llegó
ahora sé que las nubes son sueños
si las matás llueve en tu corazón
(...)

la nena monstruo - arbol
(fragmento)

jueves, julio 21, 2005

Rosa y dorada - Juanele

Rosa y dorada
la ribera.
La ribera rosa y dorada.
Febrero
y ya estás
belleza última, en el cielo y en el agua.
Etérea,
pero ya estás.
Vapor flotante de un sueño
que parece de flor y es de un lúcido pensamiento
que se busca
y se suspende
mientras el cielo es un ardor sensible.
Por los caminos pálidos, entre la hierba oscura,
el alma es un olvido hacia una orilla eterna.

León Ferrari - El Infierno

Saul Kripke

¿es posible decir que es verdadera la oración que dice "esta oración es verdadera"?

¿qué significa el nombre "Nixon" dado que Nixon podría no haber sido presidente de Estados Unidos sin por eso dejar de ser Nixon?

¿cómo sé que al obtener 125 sumé correctamente 68 y 57 si nunca antes en mi vida había sumado esos dos números?

Filósofo y lógico norteamericano

miércoles, julio 20, 2005

serie awschuitz - wasserman - tres

tres


manos tensas flacas
(como de pájaro son)
y saliva como tierra en la boca
y hambre no

y mismas fotos siempre
y mismas preguntas
siempre


-Respuesta:

mismas miasmas

manan

veneno.


julio 2005

jueves, junio 16, 2005

Canto del cisne - Jacobo Fijman

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados:
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!

lunes, junio 13, 2005

Mito amazónico - Circe Maia

Escucha la historia de la Muerte.
Ella estaba sobre la tierra, escondida.
Ella no estaba abajo.

Un agua subterránea, pura
era bebida de los inmortales
debajo de la tierra.
¿ Quíen fue culpable?
El que salió y quebró y saltó hacia afuera
por haber escuchado un canto de pájaro.

No hubiera escuchado.
No debía salir.
El dejó el lugar protegido.

El juntó frutas, plantas
y llevó adentro, abajo.

Y en cada fruto estaba semilla de la muerte.

Cayeron las semillas. Germinaron

miércoles, junio 01, 2005

serie awschuitz - wasserman - dos

dos


cavaré un pozo.
dentro/algodones menstruales duros secos marrones/
polvo de hostias de nuestros sacramentos/fotos/
cartas/papeles/pequeños artefactos simbólicos/

palabras/recuerdos de sol/de lluvia/de nieve/
resentimiento/sumisión y castigo/
uñas/vello pubiano/olor de tu piel/
olvido y rechazo/

miel/flores muertas/cuerdas de guitarras/
y fuego, todo el fuego del mar/
dolor de vernos morir/

lágrima
de
luz.


enero 2005

serie awschuitz - wasserman - uno

uno


he de cauterizarme en el fuego
de ese campo/ese pasto ardiente/
he de ser el animal que vengo
siendo yo/el mismo de hace años/

con los cartílagos de mis muertes
tejeré el collar que te mate/
y con guijarros y caracoles de mar
modelaré y esculpiré tu tumba/

del polvo de sangre de nuestros
perros muertos derramados sobre ella
crecerá la planta negra de una sola flor

aquella que se alimenta del odio
y del rencor/siendo el reflejo
eterno de la verdad que nos sepulte.


diciembre 2004

lunes, mayo 09, 2005

noiseartdos - el hecho así llamado "artístico" se mercantiliza y comercializa como cualquier otro objeto, trocando valor por precio. [07-05-2005]
noiseartuno - no sabemos que significa la palabra arte. no conocemos artistas. el hecho llamado "artístico" se reduce a un mero intercambio comunicacional, impregnado de la cultura inherente al individuo así llamado "artista". [07-05-2005]

lunes, mayo 02, 2005

Marion Peck