The Futurist was an album issued by Shellac in 1997 to their friends only. The album was originally used as music for a performance by a Canadian dance troupe.
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Dúo electrónico/experimental residente en Argentina, compuesto por Atilio Wasserman y Juan Filiberti. Ambos integrantes vienen de la escena hardcore/noise de los '90 (RIP, Baader Meinhof, Furnace, MinimalCore, Los Jabalíes de Oro). Este EP es la grabación de una improvisación noise ejecutada en el aniversario del tristemente acaecido golpe militar del '76.(Nota acompañando el CDr)
Debates > El canon de la música no es ajeno a la lectura: se supone que la música es un lenguaje y se supone que quienes la saben leer y escribir la “entienden”. Sin embargo, millones de personas que no saben leerla la escuchan, la tocan y hasta la componen. ¿Qué es entonces entender la música?
“Toque esto –dijo, abriendo un libro de sonatas de Beethoven. Era el adagio de la sonata quasi una fantasia.” La conversación entre la joven terrateniente Maria Alexandrovna y Serguei Mijailovich, administrador de sus campos, tiene lugar en el relato La novela del matrimonio, de León Tolstoi. Serguei se retira a un rincón de la sala, con un vaso de té en la mano, y ella relata: “Temía el juicio de Serguei Mijailovich, pues me constaba que le gustaba la música y la entendía. El adagio estaba en consonancia con los recuerdos que provocara en mí la charla durante el té y, al parecer, lo interpreté bastante bien. Y entonces él dijo: ‘Me parece que entiende la música’”.
meses sin escribir. fin de año, todo el verano y parte del otoño... pocas lecturas pero placenteras (entre ellas Tadeys de Osvaldo Lamborghini - "1738 - El capitán Tradio no se había dormido en ningún momento. En esas dosis el opio inspira un efecto de vehemencia atenuada. Es posible que en la habitación haya varios interlocutores. Grande será el deseo de hablar, pero tan grande como el de poder hacerlo de manera que el diálogo tienda hacia un punto casi extremo, exento de balbuceos o donde la cortesía de escuchar con calma y buena voluntad se anude con el rigor y la determinación de trazar, por ambas partes, una frontera nítida, que prohíban una cartografía nítida: evitar tanto la concesión como el enfrentamiento ampuloso con el supuesto adversario, destinado a satisfacer el deseo humano (poco dado a borrar lo siniestro) de triunfar en la exhibición de una falsa, momentánea pericia verbal, origen de posteriores hundimientos en el barro y la caída en cierto lodazal donde toda virtud abdica ante el cruento mutismo: una muerte degradante hija de palabras torpes y vanidades de salón. Para quien desconfía de las encantadoras veladas de diplomáticos, de cuyas sonrisas y frases inteligentes es fácil deducir el cenagal en que se mueven los batallones, una habitación tranquila y el ritual de las seis pipas de o-. 



AMANECE
Y YA ESTA CON LOS OJOS ABIERTOS
Parece no escuchar el ladrido de los perros ni el canto agudo y largo de los gallos ni el de los pájaros reunidos en el paraíso del patio delantero que suena interminable y rico, ni a los perros de la casa, el Negro y el Chiquito, que recorren el patio inquietos, ronroneando excitados por el alba, respondiendo con ladridos secos a 1os llamados intermitentes de perros lejanos que vienen desde la otra orilla del río. La voz de los gallos viene de muchas direcciones. Con los ojos abiertos, echado de espaldas, las manos cruzadas flojas sobre el abdomen, Wenceslao no oye nada salvo el tumulto oscuro del sueño, que se retira de su mente como cuando una nube negra va deslizándose en el cielo y deja ver el círculo brillante de la luna; no oye nada, porque cincuenta años de oír en el amanecer la voz de los gallos, de los perros y de los pájaros, la voz de los caballos, no le permiten en el presente escuchar otra cosa que no sea el silencio.
[...]
Juan José Saer, de El limonero real
Que el día sea clarísimo
Que la comida sea sabrosa y abundante
Que los amigos sean divertidos
Que la cama sea blanda
Que los espejos sean grandes
Que haya blueberries y helado de postre
Que el beso sea largo y mojado
Que la billetera este hinchada
Que el agua y la sombra sean frescas
Que alguien cuente algo que haga reír
Que salgas de compras en países extranjeros
Que la heladera este colmada
Que la piel sea suave, oscura y olorosa
Que el fin de semana haya una megafiesta
Que este el
Que la ropa sea nueva y este de moda
Que tu cuerpo se vea esplendido al moverse
Que sientas como siente un animal
Que te guíes solamente por el tacto y por el olfato
Que goces como una perra
Que seas profundamente triste
y salvajemente alegre
y extremadamente agitada
y absolutamente tranquila
Que haya musica moderna cuando tengas ganas de bailar
Que los desconocidos saluden y digan hola
Que brillen las estrellas
Que nada te preocupe
Que no esperes nada
Que vos des el primer paso
Que solamente lo hagas
Que no pienses en nada mas que en eso
Que no pienses en nada
Que no pienses en nadie
Ni en vos misma
Que ya no tengas miedo a nada
Que arrases con todo.
Amar, temer, partir es un registro en vivo con doce temas inéditos grabado durante los recitales del 22 y 29 de marzo de 2008 en el Centro Cultural Caras y Caretas de Buenos Aires, Argentina
Escribe Gabo:
Dentro de las clases de Lengua de los primeros años en la escuela nos enseñan a leer y a escribirpara después aprender a conjugar los verbos regulares.
AMAR, TEMER y PARTIR son los verbos elegidos en esta gramática para que funcionen como modelo y repitamos a los seis o siete años:
Yo amo, yo temo, yo parto
Tu amas, tu temes, tu partes
El ama, el teme, el parte
Nosotros amamos, nosotros tememos, nosotros partimos
Vosotros amáis, vosotros teméis, vosotros partís
Ellos aman, ellos temen, ellos parten
Ni Ella ni Ustedes aman, temen ni parten dentro del universo de la educación formal.
A Ella se la tragó El y a Ustedes el para nosotros lejano -en tiempo y espacio- Vosotros.
Así aprendemos y asimilamos no sólo que todos los verbos terminados en AR, ER, IR cambian su desinencia en la misma forma,sino también la relación que pareciera existir entre estas acciones.
Voy a montar un caballo
voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
será lento y perfumado el camino y el caballo
montaré en pelo el perfume y llegaremos temprano
con semejante caballo no va a haber jinetes malos
estarás esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
y un día dura una vuelta del sol a la azucarera
mientras esta noche dure y espero el caballo en vela
te voy pensando en silencio sin conocerte siquiera
ya te regalé mis cosas, las que tuve, tengo y tenga
pues no quiero tener nada para el momento en que vengas
vos
ya me estás esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
un día dura una vuelta del sol a la azucarera
y un siglo irá en lo que lleve ir de una siesta a otra siesta.
voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
será lento y perfumado el camino y el caballo


Union Carbide Productions was a Swedish rock band formed by Ebbot Lundberg (vocals), Patrik Caganis, Björn Olsson, Per Helm and Henrik Rylander in 1986.
Their music can be described as a fusion of psychedelic rock and punk rock — and a bit angrier and closer to stoner rock than The Soundtrack of Our Lives (the band that emerged from the ashes of Union Carbide Productions).
Though never really commercially successful, the band has received praise from artists like Kurt Cobain, R.E.M. and Sonic Youth. After the success of The Soundtrack of Our Lives, a compilation CD was released in 2004.



SYR7: J'Accuse Ted Hughes is the seventh release in American group Sonic Youth's SYR series. It was released only on vinyl and features two songs: "J'Accuse Ted Hughes", and "Agnès B. Musique".
SYR7 follows the SYR series tradition of liner notes in foreign languages. Here, as with SYR1, the language is French.




The Flying Luttenbachers were an instrumental unit led by multiinstrumentalist / composer / producer Weasel Walter. The Luttenbachers have created a large body of work focusing on an agenda of musical extremity and dissonance. Over the course of the band, the personnel has shifted numerous times around the artistic leadership of Walter, each line-up revealing a different part of the Flying Luttenbachers' aesthetic. The music has run a gamut from intense, all-acoustic free improvisation, to complex, modernistic rock composition; pure electronic noise to primitive punk-inspired jazz. The music defies idiomatic cliché and is steadfastly abstract, choosing to work outside of pre-existing genres in order to attain an original fusion. Walter has been quoted as drawing inspiration from the fields of hardcore punk, black metal, progressive rock, free jazz, no wave, electronic noise, contemporary classical, Balinese gamelan and Noh music.




El pasado 29 de abril falleció en Burg im Leimental, cerca de Basilea, el químico suizo Albert Hofmann. Había nacido en Badem el 11 de enero de 1906. Hace dos años, en el 2006, se celebró un simposio en su honor al cumplir cien años.
Por sus aficiones e inquietudes de niño parecía que a la hora de estudiar una carrera se hubiera tenido que inclinar por las humanidades. Sin embargo, llegado el momento, él mismo se sorprendió optando por la química. Estudió en la Universidad de Zurich y su tesis doctoral trató sobre la quitina, sustancia presente en hongos y animales.
Ingresó en 1929 en los Laboratorios Sandoz (ahora Novartis), de Basilea, para la búsqueda de principios activos de productos naturales con propiedades terapéuticas. Estudió la escila y los alcaloides del cornezuelo de centeno. Trataba de encontrar derivados del ácido lisérgico. Entre las diferentes sustancia, estaba la número 25 a la que, en un principio, no le vio utilidad práctica. En 1943 decidió volver sobre ella y absorbió una pequeña cantidad de forma accidental (o voluntaria, según algunos). Mientras volvía a casa en bicicleta experimentó sus potentes efectos: “Sentí angustia, vértigo y visiones sobrenaturales, al mismo tiempo que un profundo sentimiento de paz y libertad”. Tres días después se administró una dosis de 250 microgramos. Sus colaboradores hicieron otro tanto y durante un tiempo estuvieron recogiendo información de los efectos de esta nueva sustancia.
Más tarde dirigió el departamento de productos naturales de los Laboratorios Sandoz. Estudió sustancias alucinógenas como las que proceden de algunos hongos mexicanos que consumían los indígenas. Pudo sintetizar la psilocibina, alcaloide psicodélico procedente de las triptaminas que está presente en algunos hongos como la Psilocybe cubensis y la P. semilanceata.
En 1962 marchó a México con su esposa para conocer la Salvia divinorum, o “hierba de la pastora”, planta psicoactiva relacionada con los cultos indígenas de los hongos y que parece que ya era utilizado en tiempos prehispánicos. Los hombres y mujeres chamanes mazatecos de Oaxaca la utilizan en rituales adivinatorios y curativos. En muchos sitios se usa como sustituto de los hongos. Por entonces ya era conocida María Sabina, curandera de Huautla de Jiménez, en la sierra de Oaxaca, que sabía todo sobre los “honguitos”, “angelitos” o “niñitos”, nombres con los que designaba a los hongos sagrados como el Teonanacatl, de la familia Psilocibe. Fue dada a conocer por el investigador Robert Gordon Wasson y su esposa Valentina Pavlovna. En poco tiempo fue visitada por los Beatles, Bob Marley, los Rolling Stones, Aldous Huxley y hasta por Walt Disney. Se publicó mucho sobre ella y se hicieron documentales.
El LSD fue probado en psiquiatría durante unos años y de él se apropiaron los movimientos reivinticativos juveniles de los sesenta. Fue la sustancia de culto entre los hippies y los movimientos anti-guerra de Vietnam. No es de extrañar que pronto fuera prohibida y pasara a la clandestinidad ya que molestaba al poder establecido, según Hofmann. La prohibición se produjo en el emblemático año 1968. No obstante, siempre señaló que la sustancia era peligrosa si se utilizaba mal y no era partidario del uso popular del LSD. Tenía claro que las drogas no podían usarse fuera de contexto. Sandoz la fabricó en forma de tabletas y de ampollas para ensayos médicos entre 1947 y 1966.
El LSD posee poderosos efectos alucinógenos, lo que pronto llamó la atención de artistas e intelectuales. No es descabellado decir que influyó significativamente en la moda, la música, el arte, así como en los estudios sobre la consciencia y la terapéutica psiquiátrica durante los últimos sesenta años.
Hofmann es autor de numerosos trabajos. Entre éstos, en castellano:
—Hofmann, A.; Wasson, R.G.; Ruck, C.A., El camino a Eleusis, México, FCE, 1993.
—Hofmann, A., La historia del LSD. Balance crítico de sus aplicaciones y efectos realizados por su descubridor, Barcelona, Gedisa, 1997. [Hay edición de 2006].
—Hofmann, A., Mundo interior, mundo exterior, Madrid, Liebre de marzo, 1997.
—Schultes, R.E.; Hofmann, A., Plantas de los dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos, 2ª ed., México, FCE, 2000.
Sobre Hofmann acaba de salir: Gnoli, A.; Volpi, F., El dios de los ácidos: conversaciones con Albert Hofmann, Madrid, Siruela, 2008.


Charlie is the third album by Melt-Banana. This album was the first release on their own label, A-Zap. Charlie marks a change in Melt-Banana's sound, the songs have gotten longer and a more "poppy" sound which would be further developed on the next few albums is present. Charlie is still very noisy though and could be the best mix of their rough noisier past and their future accessible pop sound. The production was also a major step forward since the previous two albums had quite poor sound and production.
Charlie features guest appearances by Mike Patton and Mr. Bungle on the song "Area 877" [Phoenix Mix]. Mike Patton says: "MELT... BANANA!" at the beginning of the song and Melt-Banana have sampled this through many of their other songs including "7.2 Seconds Flipping", "Brick Again" and the version of "Bad Gut Missed Fist" on their live album MxBx 1998/13,000 Miles At Light Velocity.


TV Shit is an EP by Sonic Youth and Japanese vocalist Yamatsuka Eye. It was released in 1993 on Thurston Moore's Ecstatic Peace label. It is referred to as a cover version of the DC Youth Brigade song "No II", the original version of which was a one-second song consisting of the yelled word "No".
Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: "Tres días de suspensión, por bochinchera". Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro... y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: "Veníte que para vos también alcanza". Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: "Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?". El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): "¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita". "¿Evita?"–dije, yo no lo podía creer– . "¿Evita, vos?" –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. "Evita, querida" –ay, pensaba yo–"¿no querés un poco de cointreau?" (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). "No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?" "Ay, pero esperá", le dije yo, "contáme de dónde se conocen, por lo menos". "De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África" (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) "¿Querés que te cuente cómo fue?" Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: "Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?", pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: "Bueno, basta", le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece... pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho "agotar la experiencia", pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.
2.
Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38 años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada de maquillaje, con rodete... Yo le veía cara conocida y supongo que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté en voz baja y él me dijo algo así como: "cortála loco sabés que sí". Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal. Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints, el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de pot le dijo: "Un momento, sargento" pero el cana le dio un empujón brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel de la solera y se alzó: "Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar presa a Evita?" El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas, pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se quedaran en el molde. "No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua– , ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer, si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas". (Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró en el circo y se puso a gritar: "Compañeros, compañeros, quieren llevar presa a Evita" por el pasillo. La gente de las otras piezas empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: "Evita, Evita vino desde el cielo". La cosa es que los canas se las tomaron, largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos, y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta: "Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados". Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos se le querían acercar, pero ella les decía: "Ahora debo irme, debo volver al cielo" decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver: había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.
3.
Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos. Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas, que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas. De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: "Tengo una mina para vos, está en el coche." La cosa era conmigo, nomás. Subí.
"Me llamo Evita, ¿y vos?" "Chiche", le contesté. "Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?". "Eva Duarte", me dijo "y por favor, no seas insolente o te bajás". "¿Bajarme?, ¿bajárseme a mí?", le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto. "Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto". ¡Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!
Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina, la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora. Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: "Todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva". Ni dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. "Desgraciado –me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?"
La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque, según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.

Si el mes que viene no consigo trabajo, me compro un rifle de aire comprimido. Mi balcón da al contrafrente de un edificio abandonado, ocupado por las palomas. Entran. Salen. Se quedan en las ventanas. Miran. Todavía me queda algo de plata.
*
Envié ochenta y dos currículums. No me llaman. Odio que no respondan, ni siquiera para decir "no", Ahora llamo por teléfono a las empresas amenazándolos con que hay una bomba en el edificio. "Hay una bomba en el edificio", digo.
*
Las cuentas se deslizan por debajo de la puerta como suaves amenazas. Y cada vez que escucho ese sonido, me tiembla el corazón, esperando una carta con una buena noticia, alguien olvidado que me recuerde.
*
Ayer, pocos segundos después de cortar, el teléfono repiqueteó. Horror. Del otro lado, una voz femenina dijo: "Usted acaba de llamar amenazando con que había una bomba. Tenemos su número de teléfono". Silencio. Me aterré. Pero después la imaginé esperando, satisfecha y excitada por su pequeño atrevimiento, con un tailleur ajustado, peinada, cola de caballo... Una empleadilla, sí, pero con un sueldo seguro por mes y las cuentas pagas. Y de pronto me di cuenta de que yo no tenía nada, no me podían quitar mucho. Y mi tía me pide que deje su departamento. La voz me interrumpió: "Tenemos su número telefónico y podemos conseguir su dirección". Se sentía fuerte. Estallé: "Puta de mierda, la concha de tu madre, hija de puta, te voy a cortar en pedazos..."
*
Hace un mes que le vengo diciendo: "La semana que viene dejo el departamento, no te preocupes". Sospecha que le miento. Tengo miedo. No, miedo no. Difícil. Problema.
*
Por la noche, en la tele, veo reportajes y me imagino cómo respondería yo a esas preguntas -tan íntimas- que les hacen a las celebridades. Me imagino contestando sobre esta etapa de mi vida. "Fue un tiempo difícil", diría con nostalgia y un poco de orgullo por haberlo superado. Después, cuando la señal deja de trasmitir y apago el televisor, el loro de madera que está colgado en la pared en penumbras me recuerda lo triste que soy.
*
No me estoy lavando los dientes porque en diez días tengo una entrevista laboral. No quiero lavarme porque le quiero escupir la cara.
*
Envié un currículum diciendo que sabía de Agronomía. Estaba desesperado. ¿Cuánto pueden tardar en descubrir mi ignorancia sobre la Agronomía? Si soporto un mes, tienen que pagarme ese sueldo. No es una locura.
*
El me vio. No va a tomarme. Pero igual empieza con su "buen día" y todo su discurso sobre la empresa. La cabeza me late y junto saliva...



La escena puede ligarse con otras tres. En una de ellas, dos hombres dialogan en un café del centro de Buenos Aires. Uno dice: “Yo no entiendo nada de música pero la versión de Arrau me gusta mucho más que la de Pollini”. Incidentalmente, también en este caso se habla de sonatas de Beethoven. Una segunda escena sucede en la televisión. Un canal cultural transmite un programa especial dedicado al cellista Yo-Yo Ma. Y el músico habla de la emoción que se siente “cuando se entiende la música”. Y dice: “La música codifica lo que se tiene dentro”. En la última escena, en un vagón de tren, un hombre toca el bandoneón. Un joven, que lleva un cello apoyado en el piso, lo felicita. Conversan. El hombre le pregunta: “Estudiás por música, ¿no?”
En todos estos casos aparecen algunos elementos en común. En primer lugar, hay un dato insoslayable y es el grado de cotidianidad que tiene la música. En segundo, en todos ellos se hace referencia, de una u otra manera, a qué es “entender” música. Pero en el último de ellos aparece otro dato a tener en cuenta. La expresión “aprender por música”, aunque ya no tan corriente como en otra época, encierra una contradicción que, sin embargo, no es percibida como tal. ¿Cómo podría aprenderse música de una manera que no fuera “por música”? ¿Sería posible un músico que no tocara “por música”? Obviamente, por música aquí quiere decir otra cosa y se refiere, exclusivamente, a la lectura de partituras escritas con el sistema convencional de tradición europea. Algo similar a lo que se desprende de lo aparecido en un diario donde, al referirse a un cantante y autor de canciones, se decía “compuso más de quinientas canciones sin saber nada de música”. ¿Podrían componerse canciones sin, por lo menos, saber componer canciones, lo que, sin duda, es un saber musical? Mientras que una proporción de la música tocada y escuchada en la actualidad cercana al 90 por ciento no utiliza partituras y el 78 por ciento del consumo discográfico mundial corresponde a géneros identificados por el mercado como “populares”, en el sentido común permanece la identificación de la música con una música en particular, la llamada “clásica”, y de su entendimiento con el dominio de su lecto-escritura. El sistema escolar opera en la misma dirección. Saber música es saber acerca de música clásica y aprender música significa aprender el sistema europeo de notación tradicional. Es decir: una mayoría abrumadora de quienes hacen, escuchan y disfrutan la música creen que no saben música y miden su relación con el objeto a partir de un modelo –el de la música clásica– que, en casi todos los casos, está absolutamente ausente de sus vidas.
¿Qué es entender música? ¿Qué es escuchar? ¿Todos escuchan lo mismo y todo se escucha de la misma manera? Quienes bailan música tropical en un local del Gran Buenos Aires y quienes están abonados al Teatro Colón, ¿se refieren a lo mismo cuando se refieren a la música? ¿Se puede hablar de música o todo lo que aparentemente se diga sobre ella se estará diciendo, en realidad, sobre otras cosas que ya fueron dichas acerca de la música? Casi todo lo que se sabe –o se cree que se sabe– sobre música admite revisiones. Incluso su propia definición y la noción más extendida en el sentido común acerca de que se trata de un lenguaje que transmite sentimientos. Es posible que en el origen de un hecho musical haya sentimientos; y es posible que en su punto de llegada –quien escucha, en el momento en que escucha o, incluso, cuando recuerda lo escuchado– también los haya. Podría decirse, por lo tanto, que la música es un lenguaje, una cierta codificación de sentimientos, que se transmiten desde un punto a otro de una cierta cadena comunicativa. Pero los sentimientos del punto de partida pueden o no ser los mismos que los del punto de llegada. No existe ningún grado de certeza, ni de control, ni siquiera de sospecha, acerca de que, por ejemplo, la tristeza del compositor (¿tristeza sentida en el momento de componer o, tal vez, una tristeza imaginada, a partir de una tristeza real y pasada o de ninguna tristeza en particular?) sea la misma que la del receptor. Y existe la posibilidad, desde ya, de que esa música originada en una tristeza infinita provoque alegría y gozo en quien escucha –incluso la alegría de sentir tristeza a partir de una obra de arte–. Si los lenguajes codifican y transmiten y la música es un lenguaje, la pregunta entonces es qué transmite, e incluso, si existe siquiera alguna clase de transmisión o se trata apenas de un conjunto de estímulos que diferentes oyentes, con distintas cargas culturales, escucharán de diferentes maneras. En la escucha ¿hay decodificación o traducción?
Los compositores y gran parte de los teóricos tienden a pensar a la música como algo abstracto; como “un significante que sólo porta significante”, para citar el mal juego de palabras de Pierre Boulez. Sin embargo, quienes escuchan –y a veces ellos mismos cuando están en situación de escucha– creen en alguna clase de significado. En una transmisión de sentimientos. Esa creencia, ilusoria o no, es la que sostiene la escucha. En las notas de programas de concierto o en algunos ensayos musicológicos se sostiene que la música es su lenguaje y que quienes más la disfrutan son aquellos capaces de comprender –de escuchar– los procedimientos a los que los compositores someten sus materiales. Sin embargo, la mayoría de quienes escuchan y disfrutan la música no distinguen esos procedimientos, aunque sí, muchas veces, sus efectos. Quien escucha no puede nombrar esas relaciones significantes, es más, cree que “no sabe música” pero, en cambio, distingue repeticiones y variaciones, distintas instrumentaciones, aceleramientos y detenciones, texturas densas o transparentes, y muchas otras variables que los compositores –aun los compositores sin partitura, como Yupanqui, Dylan o Bola de Nieve– lograron con un trabajo secreto. Tal vez se trate, simplemente, de una nueva encarnación de la caverna de Platón y la verdad esté circunscripta a un mundo ideal. Quizá, cuando se escucha música, la música, inasible por naturaleza, no se escucha. Quizá sólo sea posible escuchar, en lugar de la música, su copia sensible. Esa música que cada uno, con sus ideologías conscientes e inconscientes, con su historia individual y social, crea a partir de lo que escucha.