lunes, junio 02, 2008

MATAR AL CERDO - QUEMAR EL MANUAL






   Patético en su desmesurada elocuencia, arrogante en su calculada idiotez, el profesor representa la nunca pudorosa maquinación de un poder que persigue estrechar el deseo volviéndolo esclavo de un discurso envolvente que, sin fisuras, paraliza la acción, silencia la comunicación, aborta el razonamiento y transforma la voluntad en un apéndice putrefacto de designios ajenos, viciando al irrestricto "yo" de ese otro que crece a expensas de sus circunstanciales espectadores que pagan con el silencio lo que aquel cobra en forma de "beca" o de otro fiasco parecido, verdadera razón de ser de sus minúsculos intereses, siempre reñidos con la decencia intelectual.
   Obsecuentes y oportunistas, actúan como mercaderes de ideas y tratan a sus víctimas como compañeros de rapiñas, aunque no dudan en esconder sibililamente su tesoro, muchas veces una teoría cuyo conocimiento importa la articulación de un rito iniciático en el que el "maestro" corrige nuestras muchas taras, porque con toda evidencia, solo él está capacitado para inspirar el ansia de conocimiento a la que es preciso dotar de uniformidad para evitar eventuales desviaciones.
   Requisito sine qua non: El sepulcral silencio, una especie de duelo intelectual hipócrita, pero no resentido, debe acompañar su teatralización, que como mal actor que es, a veces olvida el libreto, sin capacidad alguna para la improvisación pues está atado a un tipo de discurso que repetido hasta el cansancio vuélvase fatal letanía; la clase es un mantra continuo que hastía y agobia, que jamás inspira.
   Grupos de niños escuchan su prédica. Obedientes, balbucean torpes palabras, nunca significativas, a modo de palotes orales en las que siempre parecen faltar ideas. Estas son solo hipertrofiadas versiones de lo que el maestro ha repetido, pero con menos ingenio.
El horror vacuí jamás se siente en el aula. El "grupo" actúa como amparo de voluntades seccionadas, divididas, y el interés principal de los niños radica en conseguir, cuanto antes, su ciclo de madurez para poder repetir el ciclo. Emulando a sus amados padres, sin ambivalencia, pues es del todo evidente que nunca han tenido la capacidad de odiar. Recordémoslo, ellos no sienten.
   El deseo vaciado, vuelve a los individuos clones de sus maestros, semilla nutriente, semental del intelecto. El maestro penetra a los alumnos y el sexo violado los transforma andróginamente en iguales y por ello se ríen torpemente y se prodigan arrumacos y caricias para exacerbar su fantasía masturbatoria, prisioneros de si mismos, bellos y narcisistas, olvidan en la clase sus horribles y detestables vidas a las que hipotecaron desde siempre con las propinas que reciben mensualmente como salarios.
   Unos y otros han erradicado la angustia de sus elementales vidas, una cuña mental se interpone ante ellos mismos y la duda es vista como debilidad, la contradicción como herejía. La única y central preocupación es verse bellos, y no logran entender (el profesor nunca lo informa) como es ello posible cuando al deseo lo han resignado y cedido a otros más fuertes, en múltiples sustituciones de padres que no han tenido. Desamparados los niños vuelven sus caras hacia la figura más próxima y enajenante. La violación se consuma y ni siquiera ha habido dolor.
   El maestro ha roto el silencio.
 
Porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones:
Seamos realistas, pidamos lo imposible.

Groucho Marx, El Bolsón, Mayo 2008.

viernes, mayo 16, 2008

The proposition (2005 - Guión de Nick Cave)


"¿Cuándo?" dijo la luna a
las estrellas del cielo.

"Pronto", dijo el viento
que lo siguió a su hogar.

"¿Quién?", dijo la nube
que comenzaba a llorar.

"Yo", dijo el jinete,
seco como un hueso.

"¿Cómo?", dijo el sol
que derritió la tierra.

"¿Por qué?", dijo el río
que se negaba a correr.

"¿Dónde?" dijo el
trueno sin ruido alguno.

"Aquí," dijo el jinete,
y sacó su pistola.

lunes, mayo 12, 2008

Porque me siento rara vol.4 - The Flying Luttenbachers


The Flying Luttenbachers were an instrumental unit led by multiinstrumentalist / composer / producer Weasel Walter. The Luttenbachers have created a large body of work focusing on an agenda of musical extremity and dissonance. Over the course of the band, the personnel has shifted numerous times around the artistic leadership of Walter, each line-up revealing a different part of the Flying Luttenbachers' aesthetic. The music has run a gamut from intense, all-acoustic free improvisation, to complex, modernistic rock composition; pure electronic noise to primitive punk-inspired jazz. The music defies idiomatic cliché and is steadfastly abstract, choosing to work outside of pre-existing genres in order to attain an original fusion. Walter has been quoted as drawing inspiration from the fields of hardcore punk, black metal, progressive rock, free jazz, no wave, electronic noise, contemporary classical, Balinese gamelan and Noh music.





Descargar

martes, mayo 06, 2008

La creación

(clik en la imagen para agrandar)

Trasteando con el O.C.R en Ubuntu-Linux, terminé guardándolo como imagen...
Es de Robert Graves, de Los Mitos Griegos 1.

lunes, mayo 05, 2008

Porque me siento rara vol.3 - Peter Brötzmann Sextet & Quartet


Recorded almost a year later than "Machine Gun" in 1969, the recording features a somewhat slimmer lineup (as opposed to the double rhythm section in MG), however, the usual suspects were present. Han Bennink (drums), Buschi Niebergal (bass), Evan Parker (tenor sax) with the addition of Derek Bailey on guitar were played on this obscured masterpiece. If "Machine Gun" sounded somewhat elementary with the ironic gestures of bossa nova, steady-rock-like riffing appeared here and there, then "Nipples" is a full-blossomed affair with group interaction with angular harmonic and melodic development without losing any if the intensity nor resorted to campy cliches. Brotzmann was at his ferocious best: the ecstatic screaming and overblowing with shards of overtones and harmonics and the bass and drums locked into a free, but never meandering groove. Bailey mostly disengaged in the louder passage, opting for the gentle conversation with Niebergal's basslines. The B-side of the original LP was a powerhouse quartet performance from the mainland Europeans called "Tell a Green Man), with less sprawling ambition, the tune was tightly focused of power and intense collective improvisation.



Descargar

...adiós Doctor...

El pasado 29 de abril falleció en Burg im Leimental, cerca de Basilea, el químico suizo Albert Hofmann. Había nacido en Badem el 11 de enero de 1906. Hace dos años, en el 2006, se celebró un simposio en su honor al cumplir cien años.

Por sus aficiones e inquietudes de niño parecía que a la hora de estudiar una carrera se hubiera tenido que inclinar por las humanidades. Sin embargo, llegado el momento, él mismo se sorprendió optando por la química. Estudió en la Universidad de Zurich y su tesis doctoral trató sobre la quitina, sustancia presente en hongos y animales.

Ingresó en 1929 en los Laboratorios Sandoz (ahora Novartis), de Basilea, para la búsqueda de principios activos de productos naturales con propiedades terapéuticas. Estudió la escila y los alcaloides del cornezuelo de centeno. Trataba de encontrar derivados del ácido lisérgico. Entre las diferentes sustancia, estaba la número 25 a la que, en un principio, no le vio utilidad práctica. En 1943 decidió volver sobre ella y absorbió una pequeña cantidad de forma accidental (o voluntaria, según algunos). Mientras volvía a casa en bicicleta experimentó sus potentes efectos: “Sentí angustia, vértigo y visiones sobrenaturales, al mismo tiempo que un profundo sentimiento de paz y libertad”. Tres días después se administró una dosis de 250 microgramos. Sus colaboradores hicieron otro tanto y durante un tiempo estuvieron recogiendo información de los efectos de esta nueva sustancia.

Más tarde dirigió el departamento de productos naturales de los Laboratorios Sandoz. Estudió sustancias alucinógenas como las que proceden de algunos hongos mexicanos que consumían los indígenas. Pudo sintetizar la psilocibina, alcaloide psicodélico procedente de las triptaminas que está presente en algunos hongos como la Psilocybe cubensis y la P. semilanceata.

En 1962 marchó a México con su esposa para conocer la Salvia divinorum, o “hierba de la pastora”, planta psicoactiva relacionada con los cultos indígenas de los hongos y que parece que ya era utilizado en tiempos prehispánicos. Los hombres y mujeres chamanes mazatecos de Oaxaca la utilizan en rituales adivinatorios y curativos. En muchos sitios se usa como sustituto de los hongos. Por entonces ya era conocida María Sabina, curandera de Huautla de Jiménez, en la sierra de Oaxaca, que sabía todo sobre los “honguitos”, “angelitos” o “niñitos”, nombres con los que designaba a los hongos sagrados como el Teonanacatl, de la familia Psilocibe. Fue dada a conocer por el investigador Robert Gordon Wasson y su esposa Valentina Pavlovna. En poco tiempo fue visitada por los Beatles, Bob Marley, los Rolling Stones, Aldous Huxley y hasta por Walt Disney. Se publicó mucho sobre ella y se hicieron documentales.

El LSD fue probado en psiquiatría durante unos años y de él se apropiaron los movimientos reivinticativos juveniles de los sesenta. Fue la sustancia de culto entre los hippies y los movimientos anti-guerra de Vietnam. No es de extrañar que pronto fuera prohibida y pasara a la clandestinidad ya que molestaba al poder establecido, según Hofmann. La prohibición se produjo en el emblemático año 1968. No obstante, siempre señaló que la sustancia era peligrosa si se utilizaba mal y no era partidario del uso popular del LSD. Tenía claro que las drogas no podían usarse fuera de contexto. Sandoz la fabricó en forma de tabletas y de ampollas para ensayos médicos entre 1947 y 1966.

El LSD posee poderosos efectos alucinógenos, lo que pronto llamó la atención de artistas e intelectuales. No es descabellado decir que influyó significativamente en la moda, la música, el arte, así como en los estudios sobre la consciencia y la terapéutica psiquiátrica durante los últimos sesenta años.

Hofmann es autor de numerosos trabajos. Entre éstos, en castellano:

—Hofmann, A.; Wasson, R.G.; Ruck, C.A., El camino a Eleusis, México, FCE, 1993.
—Hofmann, A., La historia del LSD. Balance crítico de sus aplicaciones y efectos realizados por su descubridor, Barcelona, Gedisa, 1997. [Hay edición de 2006].
—Hofmann, A., Mundo interior, mundo exterior, Madrid, Liebre de marzo, 1997.
—Schultes, R.E.; Hofmann, A., Plantas de los dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos, 2ª ed., México, FCE, 2000.

Sobre Hofmann acaba de salir: Gnoli, A.; Volpi, F., El dios de los ácidos: conversaciones con Albert Hofmann, Madrid, Siruela, 2008.

sábado, abril 19, 2008

China

En China se dictan dos de cada tres penas de muerte en el mundo. El Tribunal Supremo de Justicia Chino basa sus decisiones en informes escritos de cortes locales y provinciales lo cual genera mucha arbitrariedad. La muerte se realiza mediante un tiro en la nuca y es la familia del difunto la que debe pagar la bala.

de la revista Plan V - Nº4

miércoles, abril 16, 2008

El secreto del silencio - Atahualpa Yupanqui



El gaucho sabe del silencio. El señor Castellanos que vivía en Ballesteros, Córdoba, me dijo: "El hombre no se callaba, no se callaba, y yo tenía unas ganas de conocerlo... Pero no se callaba".
Castellanos esperaba que se callara, que hiciera un gesto, que le aceptara un cigarro para ver cómo lo prendía y qué pensaba.
Siempre he pensado en el silencio. Una vez casi me volví loco buscando un silencio, buscando un tono que sea la representación del silencio en la guitarra. Primero buscaba en la bordona, pero esa cuerda no me decía mucho desde el punto de vista melódico. ¿Será un tono o dos tonos juntos, o una melodía, cómo será? Después busqué en la quinta y en la cuarta, en las otras cuerdas no, porque son muy hablantinas.
Busqué algo que la gente diga: "Eso es como el silencio". Hice la "Vidala del silencio", la toqué bien gravemente, la toqué muchas veces, la toco siempre. Pero solamente para mí es la vidala del silencio, nunca oí a alguien que dijera "cierto, ahí hay algo del silencio".

Porque me siento rara vol.2 - Melt Banana


Charlie is the third album by Melt-Banana. This album was the first release on their own label, A-Zap. Charlie marks a change in Melt-Banana's sound, the songs have gotten longer and a more "poppy" sound which would be further developed on the next few albums is present. Charlie is still very noisy though and could be the best mix of their rough noisier past and their future accessible pop sound. The production was also a major step forward since the previous two albums had quite poor sound and production.

Charlie features guest appearances by Mike Patton and Mr. Bungle on the song "Area 877" [Phoenix Mix]. Mike Patton says: "MELT... BANANA!" at the beginning of the song and Melt-Banana have sampled this through many of their other songs including "7.2 Seconds Flipping", "Brick Again" and the version of "Bad Gut Missed Fist" on their live album MxBx 1998/13,000 Miles At Light Velocity.




Descargar

domingo, abril 06, 2008

Porque me siento rara vol.1 - Sonic Youth with Yamatsuka Eye


TV Shit is an EP by Sonic Youth and Japanese vocalist Yamatsuka Eye. It was released in 1993 on Thurston Moore's Ecstatic Peace label. It is referred to as a cover version of the DC Youth Brigade song "No II", the original version of which was a one-second song consisting of the yelled word "No".




Descargar

domingo, enero 20, 2008

Evita vive - Nestor Perlongher

1.


Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: "Tres días de suspensión, por bochinchera". Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro... y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: "Veníte que para vos también alcanza". Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: "Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?". El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): "¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita". "¿Evita?"–dije, yo no lo podía creer– . "¿Evita, vos?" –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. "Evita, querida" –ay, pensaba yo–"¿no querés un poco de cointreau?" (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). "No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?" "Ay, pero esperá", le dije yo, "contáme de dónde se conocen, por lo menos". "De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África" (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) "¿Querés que te cuente cómo fue?" Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: "Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?", pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: "Bueno, basta", le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece... pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho "agotar la experiencia", pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.


2.


Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38 años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada de maquillaje, con rodete... Yo le veía cara conocida y supongo que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté en voz baja y él me dijo algo así como: "cortála loco sabés que sí". Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal. Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints, el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de pot le dijo: "Un momento, sargento" pero el cana le dio un empujón brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel de la solera y se alzó: "Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar presa a Evita?" El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas, pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se quedaran en el molde. "No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua– , ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer, si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas". (Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró en el circo y se puso a gritar: "Compañeros, compañeros, quieren llevar presa a Evita" por el pasillo. La gente de las otras piezas empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: "Evita, Evita vino desde el cielo". La cosa es que los canas se las tomaron, largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos, y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta: "Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados". Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos se le querían acercar, pero ella les decía: "Ahora debo irme, debo volver al cielo" decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver: había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.


3.


Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos. Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas, que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas. De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: "Tengo una mina para vos, está en el coche." La cosa era conmigo, nomás. Subí.

"Me llamo Evita, ¿y vos?" "Chiche", le contesté. "Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?". "Eva Duarte", me dijo "y por favor, no seas insolente o te bajás". "¿Bajarme?, ¿bajárseme a mí?", le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto. "Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto". ¡Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!

Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina, la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora. Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: "Todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva". Ni dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. "Desgraciado –me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?"

La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque, según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.

jueves, noviembre 08, 2007

Toda el agua del mundo - Gabo Ferro

Toda el agua del mundo se ha incendiado
Y han quedado los pozos donde hubo lagos
Donde estaban los mares hay desiertos blancos
Donde estaban los ríos hay puro viento manso

Para verdear la tierra nos separaremos
Vos te irás a los vientos mi amor
Yo me iré al desierto
Y con esa tristeza lloraremos

Yo que lloro salado lloraré los mares
Vos que llorás tan dulce mi amor
Los ríos y los lagos
Y cuando la tristeza haya traído los mares
Hayan vuelto los ríos y hayan vuelto los lagos
Ahí pasaré a buscarte mi amor algo seco algo mojado
Para que estemos juntos y sonriamos.

...otro disco hermoso de gabo...


Descargar

miércoles, septiembre 12, 2007

Liniers x 2



...muchas más cosas de Liniers acá, acá y acá... Encima, va y dibuja la tapa y todas las letras del último de Andrés...



domingo, agosto 26, 2007

Una poesía hermosa para un amigo hermoso

Abrazo Nahuel...


El gozante


Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mí nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

Manuel Castilla

miércoles, agosto 22, 2007

Brillos - Juan Gelman


En la terraza
la niña mira a la luna y
se hace el amor.
¿Quién brilla para quién?
Ella canta canciones oscuras
al universo que tiembla.

lunes, agosto 20, 2007

Intemperie/Yo viví la crisis del 2001 - Iván Moiseeff

Si el mes que viene no consigo trabajo, me compro un rifle de aire comprimido. Mi balcón da al contrafrente de un edificio abandonado, ocupado por las palomas. Entran. Salen. Se quedan en las ventanas. Miran. Todavía me queda algo de plata.

*

Envié ochenta y dos currículums. No me llaman. Odio que no respondan, ni siquiera para decir "no", Ahora llamo por teléfono a las empresas amenazándolos con que hay una bomba en el edificio. "Hay una bomba en el edificio", digo.

*

Las cuentas se deslizan por debajo de la puerta como suaves amenazas. Y cada vez que escucho ese sonido, me tiembla el corazón, esperando una carta con una buena noticia, alguien olvidado que me recuerde.

*

Ayer, pocos segundos después de cortar, el teléfono repiqueteó. Horror. Del otro lado, una voz femenina dijo: "Usted acaba de llamar amenazando con que había una bomba. Tenemos su número de teléfono". Silencio. Me aterré. Pero después la imaginé esperando, satisfecha y excitada por su pequeño atrevimiento, con un tailleur ajustado, peinada, cola de caballo... Una empleadilla, sí, pero con un sueldo seguro por mes y las cuentas pagas. Y de pronto me di cuenta de que yo no tenía nada, no me podían quitar mucho. Y mi tía me pide que deje su departamento. La voz me interrumpió: "Tenemos su número telefónico y podemos conseguir su dirección". Se sentía fuerte. Estallé: "Puta de mierda, la concha de tu madre, hija de puta, te voy a cortar en pedazos..."

*

Hace un mes que le vengo diciendo: "La semana que viene dejo el departamento, no te preocupes". Sospecha que le miento. Tengo miedo. No, miedo no. Difícil. Problema.

*

Por la noche, en la tele, veo reportajes y me imagino cómo respondería yo a esas preguntas -tan íntimas- que les hacen a las celebridades. Me imagino contestando sobre esta etapa de mi vida. "Fue un tiempo difícil", diría con nostalgia y un poco de orgullo por haberlo superado. Después, cuando la señal deja de trasmitir y apago el televisor, el loro de madera que está colgado en la pared en penumbras me recuerda lo triste que soy.

*

No me estoy lavando los dientes porque en diez días tengo una entrevista laboral. No quiero lavarme porque le quiero escupir la cara.

*

Envié un currículum diciendo que sabía de Agronomía. Estaba desesperado. ¿Cuánto pueden tardar en descubrir mi ignorancia sobre la Agronomía? Si soporto un mes, tienen que pagarme ese sueldo. No es una locura.

*

El me vio. No va a tomarme. Pero igual empieza con su "buen día" y todo su discurso sobre la empresa. La cabeza me late y junto saliva...

viernes, agosto 10, 2007

Raymond Pettibon



...otro que dibujó tapas de sonic y de black flag, entre otros... Algunos links: wikipedia, una galería y otra...

jueves, agosto 09, 2007

Savage Pencil


En estos días bajé unos discos de sonic youth y recordé el artista que dibujó algunas de sus tapas, Edwin Pouncey a.k.a. savage pencil. Cliqueando sobre la imagen, acceden a su sitio...

lunes, julio 30, 2007

Banksy

...este me lo recomendó mi amigo Julen...

Hogger Brugge









Increíble historietista y animador... Chequeen su página y más datos en Wikipedia...

jueves, junio 07, 2007

Flasheando en colores...



De visita por Katarsis encontré un enlace al blog del kordobez(?!), un chabón que dibuja...

jueves, mayo 31, 2007

...angustia...


[...]

Erdosain se aprieta la cara con las manos. De tal manera como si quisiera exprimir de su carne un grito que no puede articular su garganta.
La angustia se cierne sobre él semejante alas nubaredas de las grandes chimeneas en los cielos de los poblados industriales. Cuando piensa que su corazón puede estallar en fragmentos un sentimiento de consuelo alivia su martirio. La muerte no es terrible. Es un descanso amoroso, tierno, mullido. Ahora sabe lo que es la muerte. Descansará siempre y su carne se volatilizará en el silencio de la gusanera...
-¿Y el sol?-implora su alma-¿El sol de la noche? Erdosain atisba en el misterio. Sabe perfectamente que existe una fiesta. La fiesta se desenvuelve silenciosamente en la superficie del sol de la noche. ¿Qué es el sol de la noche? No lo sabe, pero se encuentra en algún rincón de trayectoria helada, más allá de los planetas de color y de las vegetaciones retorcidas, de los árboles con deseo.
Crestas puntiagudas de ciudades modernas, cemento, hierro, cristal, enturbian un momento la quietud de Erdosain. Es el recuerdo terrestre. Pero él quiere escaparse de las prisiones de cemento, hierro y cristal, más cargadas que condensadores de cargas eléctricas. Las jazzbands chillan y serruchan el aire de ozono de las grandes ciudades. Son conciertos de monos humanos que se queman el trasero. Erdosain piensa con terror en las "cocottes" que ganan cinco mil dólares semanales, y en los hombres que tienen atravesados los maxilares por dolores tetánicos. Erdosain quiere escaparse de la civilización; dormir en el sol de la noche, que gira siniestro y silencioso al final de un viaje, cuyos boletos vende la muerte.
Se imagina con avidez una frescura nocturna, quizá cargada de rocío. Él podría avanzar llorando su terrible dolor, pedir clemencia.
Quizás alguien en el confín del mundo lo recibiera haciéndolo recostar en una alcoba oscura. Dormitaría hasta que se le hubiera evaporado de las venas el veneno de la locura. Sería una casa grande aquélla, una única casa en el confín del mundo. Frente a la puerta, una mujer alta y fina, sin decir palabra, con un gesto lo invitaría a entrar. Nadie le preguntaría nada. Él se tendería en la cama a llorar, sin vergüenza alguna. Entonces podría llorar dos días con dos noches. Primero serían lágrimas lentas; se taparía la cabeza con la almohada y sollozaría fuertemente, y cuando tuviera en el pecho la sensación de que los pulmones se le habían vaciado de sollozos, nuevamente lloraría. La mujer alta y fina permanecería de pie junto a la cama, mas no le diría una palabra.
Una tiniebla altísima guillotina el sueño de Erdosain. Es inútil. Las casas son terrestres, las mujeres altas y finas son terrestres, lámparas de cincuenta bujías iluminan todos los semblantes, y aún, no ha sido fabricado el lecho de la compasión.
Como un cerdo que hociquea la empalizada de su pocilga para escapar del matadero, Erdosain golpea mentalmente cada leño de la empalizada espantosa del mundo que, aunque tiene leguas de circunferencia, es más estrecha que el chiquero bestial.

No puede escaparse. De un costado está la cárcel. Del otro el manicomio.

[...]

Roberto Arlt, de Los lanzallamas

domingo, mayo 20, 2007

Mi amigo, Andrés

viernes, mayo 18, 2007

StayFree

Agregué a la lista de Links a la derecha, el de StayFree (stayfree.blogspot.com), sitio dedicado a linkear hacia albumes mp3 compartidos por otros usuarios. Postean varios discos a diario y todos son cuanto menos interesantes. A disfrutar!!!

viernes, abril 20, 2007

Gottfried Helnwein

jueves, abril 19, 2007

Canto Azul - Tennessee Williams

Estoy agotado.
Estoy agotado del discurso y de la acción.
Si me encuentras en una
calle, no me interrogues porque
sólo puedo decirte mi nombre
y el del pueblo en
donde nací. Y hasta ahí.
No importa ya si mañana
llegará. Si queda
solamente esta noche y luego
si es de día, no importa ya.
Estoy agotado. Estoy agotado del discurso
y de la acción. En el interior de mi corazón
hallarás un pequeño puñado de
polvo. Tómalo y sóplalo
al viento. Deja que el viento lo tenga
y se encargará de hallar el camino a casa.

Versión en castellano de Andrew Graham-Yooll.

Este poema fue hallado por el profesor de arte Henry I. Schvey, en Nueva Orleans. Había sido escrito, en lápiz, en la parte de atrás de un cuaderno azul que Tennessee Williams usó para sus exámenes finales de griego en 1937, cuando estudiaba en la Universidad de Washington en St. Louis. No había sido dado a conocer hasta hace dos meses, cuando lo publicó el New Yorker. Ahora, el cuaderno forma parte de la Biblioteca de la Universidad de Washington.

jueves, octubre 05, 2006

5 de Octubre

Iglesia


ardo en mi esforzado castigo
ya soy ese cuerpo que en ardor divino deviene


carne, mancillada
lenguas, negras
manos, tintas de sangre


llanto y rechinar de dientes
sin descanso en este páramo de odio.

martes, septiembre 05, 2006

Resistir la felicidad hasta el fin - Juan Luis Martínez

Si tuviera tu amor a mi alcance
ya no tendría la fuerza para escribir.
Las palabras, la angustia quemarían
en las cobijas de nuestras pequeñeces.

Nos quedaría el dolor
de ser dos en una única soledad
y aquello que me atare a tu cuerpo sería
el olor de nuestra muerte conjugada.

Yo soy mi sexo en el espacio abolido:
penetrarte hasta el estallido
no sería ya vivir:
esa línea sombría entre tus muslos
es el inasible vuelo de la verdad.

La marcha de mis manos
sobre la arena de tu piel:
¡ah, recorrer hasta la locura
ese desierto donde se dilatan
los dos soles del desvarío!

Yo te abandono mi cuerpo
y la rabia que contiene:
la conquista de la demencia
es el traspaso de la muerte.

Encerrarnos en la carne
es adelantar la muerte
y relegarla en compañía
de nuestros movimientos rutinarios.
¿Qué es una boca
que no desgarra?

martes, agosto 29, 2006

Los ojos...


Siempre me acuerdo de los ojos de Nicolás cuando me acuerdo que está muerto. No muy grandes, de color violeta al sol; partículas de oro nadaban en ellos más o menos visibles siguiendo la intensidad de la luz. En el centro, la pupila negra, la entrada de una gruta en la que siempre hacía sombra. Las pestañas los rodeaban y los protegían cuidadosamente contra él polvo y el sol demasiado vivo. Y esos ojos servían a Nicolás para ver. De noche, los cerraba para dormir. Volvía a abrirlos por la mañana y se servía de ellos todo el día. Una dulce humedad impregnaba su superficie y las pupilas se deslizaban tan naturalmente que jamás Nicolás sospechaba que hubiera podido sentirlas. Desde lo alto de la terraza, Nicolás podía ver con esos ojos todo el valle del Rissole y, al mismo tiempo, el cielo que lo recubría. Asimismo, pudo ver los ojos de Luce y su inmensa boca acercarse a la suya. Hasta el último minuto, sus ojos han visto. La última vez, fueron dos rieles brillantes que se inscribieron en la gruta sombría.
Ahora, están en el ataúd con todo el resto, con los pies, los cabellos. Nicolás los ha matado. Por ellos, el día inundaba a Nicolás, la alegría, el amor también. Sus ojos eran más que Nicolás. Tal vez no debieron haberle dado a él semejantes ojos, a él que los ha matado.

Marguerite Duras, de La vida tranquila

lunes, agosto 28, 2006

América Scarfó


Por Osvaldo Bayer [Página12 - Domingo 27 de agosto de 2006]
América Scarfó nos dejó para siempre. Murió el sábado pasado. Tenía 93 años. Recibí la noticia con la tristeza de saber que era la última de una época de lucha libertaria. Mi sentimiento no era otra cosa que una melancolía mezcla de enorme cariño y admiración. Fue la compañera de Severino Di Giovanni. El anarquista fusilado por el dictador golpista de uniforme: Uriburu. El 1º de febrero de 1931. Un día después era también fusilado el hermano más querido por América: Paulino Orlando Scarfó. En 48 horas le habían arrancado a la adolescente de 17 años sus dos más grandes cariños. Quedó sola, en un mundo absolutamente enemigo.
Los poetas le cantaron a América Scarfó. A finales de los ’30, el querido Raúl González Tuñón escribirá: “América Scarfó te llevará flores y cuando estemos todos muertos, América nos llevará flores”. Es que había quedado en todos el rostro de América el día en que mataron a su amado Severino: no lloraba, estaba sumamente triste, pero firme. Lo iba a seguir amando toda su vida, como me dijo cuando la fui a entrevistar, allá a comienzos de los setenta. Yo había logrado descubrir dónde estaban las cartas de amor que le había escrito Severino y que en el allanamiento de la quinta de Burzaco se había llevado la policía. Las cartas de amor más bellas que he leído en mi vida. No sólo los uniformes fusilaron a Severino sino que también hicieron “desaparecer” sus cartas de amor. Pero así como los desaparecidos de los setenta reaparecieron en sus Madres, así las cartas reaparecieron ante la búsqueda sin fin del historiador. En sus líneas de despedida, antes de recibir las balas militares, Severino le escribe a América: “Carissima: más que con la pluma, el testamento ideal me ha brotado del corazón hoy, cuando conversaba contigo: mis cosas, mis ideales. Besa a mi hijo, a mis hijas. Sé feliz. Adiós, única dulzura de mi pobre vida. Te beso mucho. Piensa siempre en mí. Tu Severino”. Antes de esas últimas líneas, se le había concedido a Severino despedirse de América, que también estaba detenida.
América le dio el último abrazo, él la besó. Le pidió a ella que cuidara de los hijos de él y de Teresina, su esposa. América le dijo: “voy a seguir con tu recuerdo hasta mi muerte”. El la miró con mucha tristeza y le respondió: “¡Oh, Fina, tu sei tan giovane!”. Se besaron de nuevo. América salió mirándolo a Severino. Por ello tropezó con una rejilla y Severino le gritó: “¡ten cuidado!”.
Los más destacados periodistas de Buenos Aires estuvieron en el fusilamiento. La mejor crónica fue la de Roberto Arlt, que no puso ningún comentario propio sino sólo la descripción de ese teatro irracional de la fuerza bruta contra las ideas.
“La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes”, serán las últimas palabras de la crónica del periodista del Buenos Aires Herald.
Al día siguiente, caerá también Paulino Scarfó ante el pelotón de fusilamiento. Tanto a Severino como a Paulino, antes de fusilarlos, la policía de Uriburu los había torturado bárbaramente. Pero ellos no delataron a ningún compañero. El último encuentro entre América y Paulino será muy breve. Ella no pudo disimular su dolor al ver el rostro hinchado de él. El la contuvo diciéndole: “no llores”. Y luego agregó con mucho cariño: “pobre pibita” y le dio un beso en la mejilla. América lo besó muy fuerte y le preguntó: “¿no querés ver a mamá?” El le respondió: “no, ¿no ves cómo estoy?”. “Es que se le notaban las torturas. Y agregó: “sigue estudiando. Estoy deseando que esto termine de una vez”. La besó. América volvió a abrazarlo y se miraron a los ojos. Ella no lloró. El policía Florio urgió para que terminaran. América se fue con paso firme. Los periodistas notaron una lágrima en su rostro. Severino y Paulino gritaron antes de la orden de “fuego” las palabras que definían su ideología: “Viva la anarquía”. Fue en la penitenciaría. Las descargas se escucharon en los jardines de Palermo.
Severino fue un antifascista, y estaba convencido de que la única manera de responder a la violencia de arriba era con la violencia de abajo. Sus atentados fueron siempre contra entidades fascistas o norteamericanas cuando se supo la condena a muerte de los dos héroes proletarios Sacco y Vanzetti. Sus escritos hablan de su pasión por su ideología del socialismo en libertad. La policía lo sorprendió cuando salía de una imprenta. Su huida por las calles de Buenos Aires quedó como algo legendario. En el tiroteo cayó una niña, y por supuesto le adjudicaron a él esa muerte cuando fue notorio que recibió balas policiales.
En el escritorio del luchador anarquista, la policía encontró debajo del vidrio esta frase: “Estimo a aquel que aprueba la conjuración y no conjura; pero no siento nada más que desprecio por esos que no sólo no quieren hacer nada sino que se complacen en criticar y maldecir a aquellos que hacen”.
En 1928, en una carta, Severino le escribirá a América: “El amor, el amor libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, de trabajo y de amor”. Fue un amor pleno que duró poco porque todo terminó en tragedia. Cuando América se va a vivir con Severino en la quinta, muy arbolada, de Burzaco, ya él era el perseguido número uno de la sociedad argentina. Ella sentirá miedo todas las noches y duerme abrazada a él. Una noche ella siente ruidos como de gente que entra a la quinta y trata de despertarlo. Le dice en voz baja pero insistente: “Severino, Severino, la policía”. El se despierta apenas, la acaricia y le responde: “América, no, son los pájaros... duerme... duerme”. De eso ella nunca se olvidará, me lo contará en uno de nuestros tantos encuentros, mientras elaboraba una nueva edición de mi libro.
Caídos sus dos seres más queridos, la joven América será protegida por sus compañeros de ideas. En ese período escribirá artículos para diarios anarquistas europeos en defensa de los derechos de la mujer. Y continuará con sus estudios, los cuales nunca dejó ni cuando era ya octogenaria. Por ejemplo, se recibió de profesora de italiano y rindió todas las pruebas en forma brillante.
Muchos años después de la tragedia, América encontrará un compañero de ideas con el cual fundará la librería y editorial Américalee. El nombre lo dice todo. Durante muchos años, fue la librería libertaria más completa de la ciudad y la editorial se dedicó a publicar todos los pensadores del socialismo libertario.
Hace pocos años, estábamos todavía en el menemismo, América volvió a aparecer en los diarios. Es que un día que la fui a visitar, me expresó que ya estaba cerca de la muerte y que antes de irse para siempre quería estrechar en su corazón las cartas de amor de Severino. Que como yo sabía dónde estaban me pedía que hiciera todo lo posible para lograr su devolución. Le dije que iba a poner todo mi empeño. Lo fui a ver a Unamuno, el director del Archivo General de la Nación. Siempre dispuesto a la ayuda me preguntó donde había visto esas cartas la última vez. Le dije: “en el Museo Policial, en un archivo aislado”. Me respondió: “Bueno, quien puede darte permiso, por ser policial, es el ministro del Interior, Corach”. (“La última anécdota que me faltaba”, pensé.) Pedí la entrevista junto con América. Nos recibió a los dos días. Le expresé el deseo de América. Me dijo que iba a hacer las averiguaciones pertinentes para cumplir con los deseos de ella y agregó: “No se olvide, Bayer, que yo me llamo Carlos W. Corach. Carlos, por Carlos Marx, y W. Por Wladimiro Lenin”. Me sorprendí y no pude menos que decirle sonriente: “No lo parece”.
A los dos días nos llama el jefe de la Policía Federal que me esperaba en su despacho. Fui con América. Nos recibieron el jefe y el subjefe. El jefe me escuchó con forzada benevolencia. (El subjefe tenía una sonrisa cachadora como diciendo: “cómo se vino éste acá”). Le expliqué, pero el jefe me respondió grandilocuente: “usted me pide algo que pertenece a la Policía Federal. Mire (y tomó un cenicero): esto aquí tiene la palabra ‘Policía Federal’, si usted me lo pide le tengo que decir que no, porque no me pertenece a mí ni a nadie sino sólo a la Policía Federal”. Le insistí: “pero no se trata de un cenicero, son cartas de amor”. Me volvió a mostrar el cenicero, con gesto triunfal: “sí, pero las dos cosas pertenecen a la Policía Federal”. Entonces tomó la palabra América que con voz suave pero firme le expresó: “señor, son cartas de amor que me escribieron a mí, me pertenecen a mí. No es un documento policial o que sirva como prueba de algún delito. Las cartas me pertenecen sólo a mí”. El seguro policía se sintió molesto y sentenció: “pongan un abogado, se resolverá”.
Pusimos el abogado y pronto llegó la respuesta. Carlos Wladimiro nos citó en la Casa de Gobierno para devolver las cartas de Severino Di Giovanni a su amada América Scarfó.
Cómo habrá acariciado las cartas esa bella anciana de ojos muy negros y cabellos blancos como la nieve.
Ella no está más. Sus cenizas fueron enterradas en el pequeño jardín de la Federación Libertaria, la casa que no se rinde. Ahí iremos una vez por mes a leerle a ella una carta de amor del luchador caído.

26 de agosto

[paramodular]

pensar en el final; hacerse ciertas preguntas
unir los puntos de esa trama
reconocerse en ese dibujo que como una mancha ciertamente nos devora
a manera de peste, olvido, resignación, sometimiento
y siempre siempre ese miedo como un ruido que solo escucha cada uno
una carta esperada que nunca llega.

domingo, junio 04, 2006

serie awschuitz - wasserman - cuatro

cuatro


ahora sí/la
lluvia se lleva
todo/es LA GRAN
INUNDACIÓN
/la

pérdida final/absoluta/
como un fuera de
foco primero o forma
indefinida/vago

mezclarse de agua
luego/delicada
turbiedad/nimia

resonancia muda/gesto,
mimesis/retorno equivocado
y espejo roto al fin.


junio 2006

jueves, febrero 16, 2006

Christmas card from a hooker in Minneapolis

hey charlie i'm pregnant and living on the 9th street
right above a dirty bookstore of euclid avenue
and i stopped takin dope and i quit drinkin whiskey
and my old man plays the trombone and works out at the track
and he says that he loves me even though its not his baby
and he says that he'll raise him up like he would his own son
and he gave me a ring that was worn by his mother
and he takes me out dancin every saturday night.

and hey charlie i think about you everytime i pass a fillin station
om account of all the grease you used to wear in your hair
and i still have that record of little anthony & the imperials
but someone stole my record player now how do you like that?
hey charlie i almost went crazy after mario got busted
so i went back to omaha to live with my folks
but everyone i used to know was either dead or in prison
so i came back to minneapolis this time i think i'm gonna stay.

hey charlie i think i'm happy for the first time since my accident
and i wish i had all the money that we used to spend on dope
i'd buy me a used car lot and i wouldn't sell any of em
i'd just drive a different car every day, dependin on how
i feel

hey charlie for chrissakes do you want to know the
truth of it? i don't have a husband
he don't play the trombone and i need to borrow money
to pay this lawyer and charlie, hey i'll be eligible for parole
come valentines day


Tom Waits

jueves, enero 26, 2006

Últimas lecturas...

II

Dorothy Lamour: (en un claro de la jungla, junto a una cabaña, canta en la noche acompañándose con un ukelele; su mirada, plácida e ilusionada, denota un profundo amor por el forastero a quien dedica la canción)

Melodías se abren paso
entre plantas de bambú,
entre luz de luna y sombras
cuando te me acercas tú.

En la noche de la jungla
me asusta la oscuridad,
pero con tu abrazo fuerte
mi temblor aquietarás.
(De La princesa de la selva, Paramount.)

Buenos Aires, 21 de mayo de 1969
Está de pie en medio de la habitación, el cuerpo alerta. Como única vestimenta lleva una toalla arrollada a la cintura que muestra los músculos en tensión de las pantorrillas velludas, en tanto los brazos fuertes extendidos hacia adelante presentan las manos crispadas, con los dedos enarcados. La boca entreabierta denota sorpresa. La oreja está tendida hacia la puerta de calle: el arranque de un motor de auto en segunda velocidad, ocho pisos más abajo, se yuxtapone sin cubrirlo al chirrido de una puerta metálica de ascensor que se abre en el pasillo de ese mismo piso del edificio de departamentos. La pérdida de agua de una canilla de la cocina produce en cambio un sonido imperceptible. También son imperceptibles la vibración del filamento, próximo a fundirse, de una lamparita encendida en el baño, y el paso del vapor caliente por la instalación calefactora compuesta de dos radiadores visibles y cañerías ocultas dentro de la pared. Los pies descalzos pisan sobre una alfombra cuadriculada de yute color natural. El yute trenzado es levemente áspero al tacto, cubre en parte el piso de madera encerada muy lisa y por lo tanto resbalosa. Pero la superficie más pulida corresponde aun cenicero de cristal francés. También son suaves al tacto un .jarrón de cerámica pintado a mano con esmalte, la tela mezcla de seda con fibra sintética que tapiza dos sillones, los mosaicos e implementos sanitarios del baño, la piel de él en los lugares donde no crece vello -espalda, hombros, nalgas, parte del pecho- y la casi totalidad de la piel de la mujer inmóvil en la cama. La superficie más áspera corresponde aun cuadro de autor contemporáneo de la escuela tachista, cuyos grumos de pintura configuran relieves granulosos y hasta puntiagudos; sus colores predominantes son el amarillo y el negro. Hay varios cuadros más en el departamento, entre ellos uno de dimensiones inusitadas -dos metros de alto por dos de ancho- casi íntegramente ocupado por un círculo color añil sobre fondo gris. Contra una de las paredes -todas pintadas de blanco- hay una cama turca, las sábanas celestes tienen una guarda azul y las dos frazadas son marrón claro. La piel de la mujer inmóvil es muy blanca, la mordaza de la boca ha sido improvisada con un pañuelo de hombre de seda multicolor pero sobria, las manos están atadas por detrás con una corbata de luto. El color de los ojos de la mujer no se alcanza a percibir porque están cerrados, además, debajo del párpado izquierdo falta el globo ocular correspondiente. En el resto del cuerpo no se vislumbran huellas de violencia, tales como hematomas violáceos o heridas con sangre coagulada roja oscura. Tampoco hay rastro alguno de violencia sexual. Las seis colillas de tabaco que se reparten entre el cenicero de cristal y otro de bronce no presentan huellas de lápiz labial. El cenicero de bronce labrado en la India contiene el único cigarrillo encendido, el humo describe una línea recta vertical. De ambos ceniceros se desprende un leve olor a tabaco ardido, perceptible sólo a pocos centímetros. También a pocos centímetros de la superficie que lo emana es posible percibir -junto al cuello de la mujer- un dulce extracto francés y -junto a las axilas de él- el ácido característico de la transpiración. Dicha transpiración ha humedecido la bocamanga de una camisa -las dos manchas producidas son ovaladas- ahora puesta sobre una silla con otros indumentos masculinos. Hay también manchas de humedad en el techo, en varios tonos de verde, y debajo del lavatorio del baño, donde la capa de revoque y pintura resquebrajada está además sombreada por el polvo adherido que no se quita durante operaciones de limpieza por temor a agrandar las grietas. Pocos centímetros más abajo, en el piso junto a la base del lavatorio, yace un trozo de algodón hidrofílico embebido de cloroformo, en parte ya evaporado. También en la cocina hay un trozo de algodón, junto a una ampolla para inyectar de color rojo; sobre la misma planchada de mármol hay otra ampolla, pero rota y vaciada, cuyas paredes están teñidas por el líquido amarillento que contenían. A pocos centímetros, sobre una de las hornallas, se ve una caja metálica rectangular con agua para esterilizar la jeringa y su correspondiente aguja hipodérmica. La única ventana de la cocina está adornada por una cortina, confeccionada en una muy liviana tela de lino que se halla suspendida por el paso de una brisa leve. Esa misma brisa carece de fuerza en cambio para modificar la posición de los restantes objetos de la cocina, incluido el trozo de algodón por estar cargado de alcohol. Colgados en la pared opuesta a las hornallas hay utensilios varios y también detalles decorativos entre los que se destaca un reloj eléctrico de madera y bronce que marca las 9.30. También de bronce son las manijas de los cajones del aparador. En el cajón más alto están guardados los cubiertos, abrelatas y sacacorchos. Pero el borde más filoso corresponde a la cuchilla, habitualmente guardada, por su tamaño mayor, en el segundo cajón, más espacioso, junto a servilletas y manteles de uso diario. No se encuentra allí en este momento, y además seria difícil determinar si dicha cuchilla no es menos filosa que la tijera de acero inoxidable traída como regalo de Toledo, y colocada sobre el escritorio de la habitación principal junto a una pila de revistas y diarios con artículos marcados para recortar, a pocos centímetros de un cortapapel de borde casi romo. La tijera nombrada ha recibido un tratamiento químico especial que le confiere brillo dorado y es uno de los objetos que más relucen en la habitación, junto con la arandela plateada de la lámpara de pie, las uñas nacaradas de la mujer tendida y el cenicero de cristal. En cambio la hoja de la cuchilla no puede reflejar y refractar rayos lumínicos porque la cubre el colchón de la única cama del departamento. Por otra parte el metal se halla mal pulido a causa del método de limpieza ineficaz y en sectores aparece oxidado, especialmente junto a las partes melladas. A la luz, no obstante, se apreciaría esa cuchilla como un implemento de cocina poco común, ya que se trata de una pieza importada de Marruecos, a precio elevado, abundante en detalles de refinada artesanía. Costosos también son los cuadros, todos de firmas cotizadas, un tocadiscos de alta fidelidad y un revólver Smith 38, cargado con seis balas y guardado en uno de los cajones de la mesa de luz. El objeto de menos valor de la habitación es una caja de fósforos de cera, casi vacía. Este objeto además es uno de los más livianos de la habitación, junto con las hojas sueltas que yacen sobre el escritorio; una pluma de avestruz incrustada en un tintero antiguo, un camisón de tela sintética arrumbado en un rincón, y un par de largas y finas agujas de metal. Se trata -en el caso nombrado por último- de instrumentos aplicados en los tratamientos de acupuntura, la milenaria ciencia médica china cuyos cultores detectan a flor de piel los puntos invisibles en que se ha de punzar, con propósitos di- versos: la energía vital circula en la superficie del cuerpo sin detenerse nunca, hasta la :muerte, cumpliendo como índice de equilibrio una trayectoria simétrica, y dicho equilibrio puede ser preservado -o roto- si así lo disponen aquellos cultores, pues les bastará clavar la larga aguja -no dejará huellas- en algún punto específico. El chirrido, ya apuntado, de la puerta metálica del ascensor corresponde a la acción ejercida por una mujer en el momento de cerrarla. Esa mujer tiene una mano en la manija de la puerta y la otra en su bolso, al que aferra nerviosamente. La actitud de su cuerpo hace prever que se dirigirá hacia la puerta del departamento donde el hombre de la toalla escucha, con expresión de desmesurada excitación, los rumores que llegan del pasillo.
Manuel Puig, de The Buenos Aires Affair.

...y acerca del LSD

LSD

El descubrimiento de esta sustancia -la dietilamida del ácido lisérgico- se produjo de modo no enteramente casual pero sí imprevisto, en 1943, dentro de las investigaciones que A. Hofmann proseguía sobre los alcaloides del hongo llamado cornezuelo o ergot, tras haber hecho notables descubrimientos para la prevención de hemorragias posparto. Hofmann buscaba un estimulante circulatorio y respiratorio cuando absorbió sin querer (probablemente por vía cutánea) un compuesto que tenía clasificado con el número 25 desde años atrás. Las extrañas reacciones subjetivas le decidieron a hacer un auto ensayo, usando cantidades ridículamente pequeñas, con la pretensión de quedar a cubierto de cualquier eventualidad. Para ser exactos, empleó 0,25 miligramos (250 millonésimas de gramo o gammas) diluidas en agua, y una hora más tarde estaba inmerso en una enorme excursión psíquica, donde la hilaridad irreprimible se combinaba con agudas aprensiones. Había tomado dos veces y media la dosis estándar. La historia posterior de la LSD se ha contado a menudo. Tras seducir a neurólogos y psiquiatras del mundo entero desde 1950 -hasta el extremo de que en 1960 había más de mil comunicaciones científicas y monografías publicadas sobre la sustancia-, un conglomerado de factores precipitó su irrupción masiva en la calle. En semanas pasó de ser el más prometedor hallazgo a «amenaza número uno de América», y de dúctil medicamento a droga sin ninguna utilidad terapéutica. Hasta hace unos veinte años fabricar LSD resultaba relativamente caro y expuesto a estorbos, pues el principal precursor químico -la ergotamina- dependía necesariamente del ergot. Pero se ha descubierto un modo de multiplicar el hongo en tanques de fermentación, a muy bajo precio, y hoy es sencillo producir toneladas de ergotamina sin necesidad de recurrir a cereal parasitizado. De ahí que un kilo de LSD (10.000.000 de dosis estándar) venga a costar aproximadamente seis millones de pesetas. Si no hay ahora en el mercado negro grandes partidas de producto barato y muy puro es por razones extrafinancieras, ligadas finalmente al cambio de valores y actitudes que se produce desde mediados de los años setenta. Con todo, algunos sondeos indican que los sustitutos actuales -la psiquedelia de diseño y cultivos domésticos de hongos psilocibios- no han borrado el recuerdo de la LSD; al contrario, vuelve a haber interés en la calle, y psicoterapeutas de todo el mundo reclaman con insistencia creciente que se levanten las restricciones a su empleo médico y científico. Por otra parte, los pequeños círculos donde ha seguido consumiéndose LSD aprendieron la lección de los años sesenta, y lo hacen actualmente con cautela. Hoy es raro encontrar en el mercado negro la sustancia en unidades que contengan más de 50 gammas, y hace veinte años la cantidad media rondaba las 200. Pero si en el futuro se produjera un fenómeno remotamente parecido al de los años sesenta, la extraordinaria baratura de esta droga -sumada a sus específicas propiedades (en el espacio ocupado por un décimo de gramo caben mil dosis)- pondrían en grave aprieto a la policía de estupefacientes. I. Las propiedades farmacológicas de la LSD lindan con lo pasmoso. Una mota prácticamente invisible produce lo que el psiquiatra W. A. Stoll definió como «experiencia de inimaginable intensidad». La dosis activa mínima en humanos es inferior a 0,001 miligramos por kilo de peso. La dosis letal no se ha alcanzado. Sabemos, sin embargo, que el margen de seguridad alcanza por lo menos valores de 1 a 650, y que probablemente se extiende bastante más allá, cosa sin remoto paralelo en todo el campo psicofarmacológico. El factor de tolerancia no existe, pues quien pretenda mantener sus efectos con dosis sucesivas se hace totalmente insensible en una decena de días, incluso usando cantidades gigantescas. La metabolización acontece también en un tiempo récord (dos horas), comparada con la de cualquier otro compuesto psicoactivo; 1as constantes vitales no se ven prácticamente afectadas. Para una persona que pese entre 50 y 70 kilos, una dosis de 0,02 miligramos (20 gammas o millonésimas de gramo) produce ya una notable estimulación y claridad de ideas, aunque no modificaciones sensoriales. La dosis estándar es de 0,10 miligramos (100 gammas), y prolonga su acción entre 6 y 8 horas, desplegando ya algunos efectos visionarios. A partir de 0,30 miligramos (300 gammas) comienzan las dosis altas, que pueden prolongar su acción 10 o 12 horas. Si la mescalina guarda un estrecho parentesco con el neurotransmisor norepinefrina (noradrenalina), la LSD presenta analogías estructurales con el neurotransmisor serotonina, al que se atribuyen regulación de la temperatura, percepción sensorial e iniciación del reposo nocturno. A finales de los años sesenta aparecieron informaciones muy publicitadas sobre efectos teratógenos (creadores de anomalías congénitas) y hasta cancerígenos de la droga. En tono menor, se dijo también que producía «alteraciones» cromosomáticas, de alcance indeterminado. Pero el National Institute of Mental Health americano realizó 68 estudios separados desde 1969 a 1971, de los que se dedujo que la aspirina, los tranquilizantes menores, el catarro común y en especial el alcohol producen claras alteraciones cromosomáticas. La polémica quedó zanjada poco después, cuando la revista Science declaró que «la LSD pura en dosis moderadas no lesiona cromosomas, no produce lesión genética detectable y no es teratógena o carcinógena para el ser humano». La contundencia de la declaración no era ajena a descubrirse que las informaciones distribuidas a la prensa sobre teratogenia de la LSD provenían originalmente de un grupo de alcohólicos, sometidos a tratamiento de deshabituación con ella. Como era de esperar, el desmentido de la comunidad científica recibió incomparablemente menos publicidad que el infundio previo. II. Los efectos subjetivos se parecen a los de la mescalina, si bien son todavía más puros o desprovistos de contacto con una «intoxicación» en general. No se siente nada corpóreo que acompañe a la ebriedad, al contrario de lo que acontece -en distintos grados- con cualquier otra droga. El pensamiento y los sentidos se potencian hasta lo inimaginable, pero no hay cosa semejante a picores, sequedad de boca, dificultades para coordinar el movimiento, rigidez muscular, lasitud física, excitación, somnolencia, etc. Frontera entre lo material y lo mental, el salto cuántico en cantidades activas representado por la LSD implica que comienza y termina con el espíritu; como sugirió el poeta H. Michaux, el riesgo es desperdiciar el alma, y la esperanza ensanchar sus confines. Aunque no lleguen a ser cualitativas, hay considerables diferencias entre dosis medias y altas, superiores a las existentes entre dosis altas y muy altas. La excursión psíquica, que en dosis leves y medias es contemplada a cierta distancia, se convierte en algo envolvente y mucho más denso con cantidades superiores. Las visiones siguen siendo tales -y no alucinaciones-, ya que se conserva la memoria de estar bajo un estado alterado de conciencia, y la capacidad de recuerdo ulterior. Sin embargo, ahora arrastran a compromisos inaplazables ante uno mismo y los demás. Convencimientos y percepciones beatíficas alternan con un desnudamiento de los temores más arraigados, dentro de un trance que del principio al fin desarma por su esencial veracidad. Balsámica o inquietante, la luz está ahí para quedarse, iluminando lo que siempre quisimos ver -sin conseguirlo del todo- y también lo que siempre quisimos no ver, lo pasado por alto. Esto no quiere decir que las experiencias carezcan de un tono general más glorioso o más tenebroso, sino tan sólo que esas dimensiones nunca resultan disociables por completo. A mi juicio, las experiencias más fructíferas son aquellas donde se recorre la secuencia extática entera, tal como aparece en descripciones antiguas y modernas. Por este trance entiendo una primera fase de «vuelo» (subida es el término secularizado), que recorre paisajes asombrosos sin parar largamente en ninguno -viéndose el sujeto desde fuera y desde dentro a la vez-, seguida de una segunda fase que es en esencia lo descrito como pequeña muerte, donde el sujeto empieza temiendo volverse loco para acabar reconociendo después el temor a la propia finitud, que una vez asumido se convierte en sentimiento de profunda liberación. Es algo parecido a cambiar la piel entera, que algunos llaman hoy acceso a esferas transpersonales del ánimo. Bajo diversas formas, he atravesado esa secuencia en cuatro o cinco ocasiones. La primera vez, hace más de dos décadas, sobrevino tras la necedad de tomar LSD para soportar mejor una velada con gente aburrida, y la última -hace pocos años- se produjo con una dosis alta del fármaco, quizá algo superior a las 1.000 gammas. La inicial selló el tránsito de juventud a primera madurez, y la última marcó una aceptación del otoño vital. En realidad, fueron trances tan duros que no percibí entonces su aspecto positivo o liberador; solo en experiencias ulteriores, de maravillosa plenitud, comprendí que con el recorrido por lo temible había pagado de alguna manera mis deudas, al menos en medida bastante como para acceder sin hipoteca a estados de altura. Si tuviera que matizar la diferencia entre LSD y otros visionarios de gran potencia, diría que ninguno es más radiante, más nítido y directo en el acceso a profundidades del sentido. Eso mismo le presta una cualidad implacable o despiadada, que no se aviene al fraude y ni tan siquiera a formas suaves de hipocresía, apto sólo para quienes buscan lo verdadero a cualquier precio. Y diría también que para ellos guarda satisfacciones inefables. La amistad, el amor carnal, la reflexión, el contacto con la naturaleza, la creatividad del espíritu, pueden abrirse en universos apenas presentidos, infinitos por sí mismos. Como dijo Plutarco, tras iniciarse en los Misterios de Eleusis: «Uno es recibido en regiones y praderas puras, con las voces, las danzas, la majestad de las formas y los sonidos sagrados.» III. A fin de decidir sobre usos sensatos e insensatos, lo primero es, tener presente que «las formas y los sonidos sagrados» -según el mismo Plutarco- vienen luego (o antes) del «estremecimiento y el espanto». Si la LSD consistiera solamente en tener delante de los ojos bonitos juegos calidoscópicos, viendo cómo los colores se convierten en sonidos y viceversa, gozaría sin duda de gran aceptación como pasatiempo físicamente inocuo; pero los cambios sensoriales se ven acompañados de una profundización descomunal en el ánimo, que empieza borrando del mapa cualquier servidumbre con respecto a pasatiempos. Se trata, pues, de televisores que no requieren aparato, y de grandiosos cuadros que no requieren luz para ser contemplados; pero no de visiones que se muevan oprimiendo el botón de canales, o que no nos comprometan radicalmente en un viaje de autodescubrimiento. Llamativo resulta que ese viaje de autodescubrimiento lleve pronto o tarde a la crisis del yo inmediato, haciendo que el sí mismo se amplíe a regiones antes desocupadas, y abandone otras consideradas como patria original. Precisamente esta capacidad de reorganización interna determinó los principales usos médicos de la LSD mientras fue legal. Herramienta privilegiada para acceder a material reprimido u olvidado, la sustancia se usó con «éxito» -según psiquiatras y psicólogos- en unos 35.000 historiales de personas con distintos trastornos de personalidad, sin que los casos de empeoramiento o tentativa de suicidio superasen los márgenes medios observados con cualquier otra psicoterapia. También se observaron sorprendentes efectos en el tratamiento de agonizantes, pues el 75% de los enfermos terminales a quienes se administró pidió repetir, y el personal hospitalario pudo detectar grandes mejoras en cuanto a llanto, gritos y horas de sueño se refiere; de hecho, resultó mucho más eficaz para aliviar sus últimos días que varios narcóticos sintéticos usados como término de comparación. La experiencia médica, y la psicoterapéutica en particular, pusieron en claro lo previsible: que el tratamiento con LSD no rendía buenos resultados para el conjunto de personas llamadas «psicóticas», y que sólo parte de los «neuróticos» respondía adecuadamente. También se observó que una proporción abrumadoramente alta de los «sanos» (casi el 90%) respondía de modo positivo y hasta entusiasta a sesiones bien preparadas. A mi juicio, no hay duda alguna de que la LSD tiene un potencial introspectivo quizá inigualable, y que posee usos estrictamente médicos de gran interés. Como penúltima cuestión resta saber hasta qué punto es también una droga para festejar, en reuniones que excedan el marco de grupos muy restringidos. Actos de este tipo tuvieron su culminación en Woodstock, cuando medio millón de personas convivieron en un mínimo espacio durante tres días, sin provocar ningún acto de violencia. Aquello tuvo bastante de milagro, como los masivos festivales psicodélicos previos, y durante esos años asistí a varias celebraciones -mucho más modestas pero multitudinarias también- donde el fármaco no produjo el menor brote de agresividad suicida o dirigida hacia otros, sino más bien todo lo contrario, con torrentes de afecto y comprensión. A pesar de ello, hoy sería más cauteloso, y (cuando menos en mi territorio) no «viajaría» nunca con personas desconocidas. Para ser exactos, no aceptaría tampoco una dosis de LSD venida de alguien que no fuese de mi entera confianza -y que no la hubiese probado antes. La última cuestión es determinar si este fármaco puede enloquecer al que no era previamente «loco». No he conocido ningún caso semejante, y creo haber tenido experiencias con un número próximo al millar de personas. He visto mucho sufrir, y mucho andar perdido, empezando por mí mismo, pero no a alguien que perdiese el juicio duraderamente; más bien he visto a personas bendiciendo el momento en que les hizo decidirse a entrar en la experiencia visionaria, entregadas con toda su alma al amor y la belleza de lo real. Para ser exactos, la experiencia más aterradora de cuantas recuerdo tuvo por sujeto a un joven psiquiatra, que llegó a la casa de campo donde celebrábamos una tranquila sesión, y al enterarse de ello se lanzó a un largo discurso sobre psicosis permanentes y lesiones genéticas. Alguien tuvo la ocurrencia de preparar té y -una vez bebido- sugerir a aquel hombre que contenía LSD. Eso bastó para lanzarle a un violento ataque hipocondríaco, donde pasó de la amenaza de infarto a la parálisis muscular, y de ésta a una crisis de hígado, con agudos dolores que iban cambiando de localización. Conscientes de que no había LSD en el té -y literalmente paralizados por las carcajadas-, no nos dimos cuenta de la gravedad del caso hasta que vimos al sujeto precipitarse en mangas de camisa por un denso campo de chumberas, mientras gritaba que pediría ayuda a la Guardia Civil. Cuando ya estaba hecho un acerico, logramos que nos permitiera llevarle en coche a su hotel, y le juramos por nuestras vidas que su cuerpo estaba libre de toda intoxicación. Sin embargo, visitó efectivamente el cuartelillo de la Benemérita algo después (para desdicha nuestra), y durmió esa noche en la unidad de urgencias de un hospital, curándose el supuesto envenenamiento con buenas dosis de neurolépticos. Esto sucedió en 1971, y tengo entendido que actualmente es considerado una eminencia en toxicología. Al revés de lo que sucede con casi cualquier droga, la dosis leve de LSD no es más segura o recomendable que la media, e incluso que la alta. Dosis leves seguirán prolongando su efecto durante seis o siete horas, y sugiriendo una excursión psíquica profunda, pero, ponen al viajero en la tesitura de quien debe auparse para mirar al otro lado de un muro, en vez de sentarle sobre el muro mismo, con todo el horizonte a su disposición. Tener que auparse suscita a veces desasosiego, así como una vacilación entre lo rutinario y lo extraordinario, pensando que el viaje ha concluido antes de tiempo, o no va a acontecer. Estos inconvenientes no los padece quien va sobrado de dosis, porque el caudal de sensaciones y emociones le sugiere digerir por dentro sus descubrimientos. Si dosis leves producen una estimulación psicodélica, dosis medias y altas convierten ese estoy-no estoy en una realidad psicodélica, que tiene sus propios antídotos para las dudas. Me parece un buen ejemplo de infradosis con LSD el de una mujer joven y grande, que tomó 100 gammas en una playa, para pasar allí la noche con un grupo de amigos. Inquieta, en parte por la persistencia de lo habitual, horas después decidió volver a su casa, sola, y puso en marcha una cadena de peligrosos disparates. Condujo 20 retorcidos kilómetros, asaltada de cuando en cuando por distorsiones perceptivas, comprendió que seguía viajando, fue a una discoteca -donde se sintió aún más sola- y tras varias peripecias (entre ellas una violación frustrada) acabó saludando la salida del sol con lágrimas de arrepentimiento. Empleando una dosis de 200 gammas no habría pensado siquiera en coger el coche.

Antonio Escotado, de Aprendiendo de las drogas – Usos y abusos, prejuicios y desafíos