Derek Bailey (January 29, 1930 – December 25, 2005) was an English avant-garde guitarist and leading figure in the free improvisation movement.
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Supersilent is a Norwegian avant-garde/electroacoustic group signed on Rune Grammofon. Their musical approach emphasizes heavily on spontaneous composition, meaning their music is deliberately improvised.
Supersilent was formed when the free jazz trio Veslefrekk (Arve Henriksen on trumpet, keyboardist Ståle Storløkken, and Jarle Vespestad on drums) played a concert with producer, live electronics artist and self-described "audio virus" Helge Sten (a.k.a. Deathprod). The concert encouraged them to record a three-disc, three-hour compilation of abrasive material, simply titled 1-3, which was Rune Grammofon's very first release in 1997.
"Not quite sure why I went with the 'K' on the front of kultural. It somehow seemed German, or at least at the time I had made up my mind that I was heading to Berlin, centre of kultural otherness, an island refuge for musicians and artists who couldn't stomach being in the Ronald Reagan western.
A number of people have been asking me about the album Kultural Terrorism, this is the story.
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Silver Session for Jason Knuth is a 1998 EP by Sonic Youth. Its eight tracks consist entirely of guitar feedback with occasional drum machine. Jason Knuth — of the album's title — was a Sonic Youth fan who committed suicide, and proceeds from the record's sales were donated to San Francisco Suicide Prevention Hotline. An explanation of the record is found in the liner notes:
"Silver Sessions were taken from an evening when SY had to do vocal overdubs for 'A Thousand Leaves' -- the band upstairs was hammering out some funky metal overdrive and we couldn't "sing" properly (?!) -- we decided to fight fire with molten lava and turned every amp we owned on to 10+ and leaned as many guitars and basses we could plug in against them and they roared/HOWLED like airplanes burning over the pacific -- we could only enter the playing room with hands pressed hard against our ears and even then it was physically stunning -- we ran a sick outmoded beatbox through the P.A. and it blew out horrendous distorted pulsations. Of course we recorded the whole thing and a few months later we mixed it down into sections, ultra-processing it to a wholly other "piece" -- in a way, it's my favorite record of ours -- I hope Jason [Knuth, to whom the release is dedicated] digs it --- keep on keep on keep on --- thurston/sonic youth/nyc 1998."
Dúo electrónico/experimental residente en Argentina, compuesto por Atilio Wasserman y Juan Filiberti. Ambos integrantes vienen de la escena hardcore/noise de los '90 (RIP, Baader Meinhof, Furnace, MinimalCore, Los Jabalíes de Oro). Este EP es la grabación de una improvisación noise ejecutada en el aniversario del tristemente acaecido golpe militar del '76.(Nota acompañando el CDr)
Debates > El canon de la música no es ajeno a la lectura: se supone que la música es un lenguaje y se supone que quienes la saben leer y escribir la “entienden”. Sin embargo, millones de personas que no saben leerla la escuchan, la tocan y hasta la componen. ¿Qué es entonces entender la música?
“Toque esto –dijo, abriendo un libro de sonatas de Beethoven. Era el adagio de la sonata quasi una fantasia.” La conversación entre la joven terrateniente Maria Alexandrovna y Serguei Mijailovich, administrador de sus campos, tiene lugar en el relato La novela del matrimonio, de León Tolstoi. Serguei se retira a un rincón de la sala, con un vaso de té en la mano, y ella relata: “Temía el juicio de Serguei Mijailovich, pues me constaba que le gustaba la música y la entendía. El adagio estaba en consonancia con los recuerdos que provocara en mí la charla durante el té y, al parecer, lo interpreté bastante bien. Y entonces él dijo: ‘Me parece que entiende la música’”.
La escena puede ligarse con otras tres. En una de ellas, dos hombres dialogan en un café del centro de Buenos Aires. Uno dice: “Yo no entiendo nada de música pero la versión de Arrau me gusta mucho más que la de Pollini”. Incidentalmente, también en este caso se habla de sonatas de Beethoven. Una segunda escena sucede en la televisión. Un canal cultural transmite un programa especial dedicado al cellista Yo-Yo Ma. Y el músico habla de la emoción que se siente “cuando se entiende la música”. Y dice: “La música codifica lo que se tiene dentro”. En la última escena, en un vagón de tren, un hombre toca el bandoneón. Un joven, que lleva un cello apoyado en el piso, lo felicita. Conversan. El hombre le pregunta: “Estudiás por música, ¿no?”
En todos estos casos aparecen algunos elementos en común. En primer lugar, hay un dato insoslayable y es el grado de cotidianidad que tiene la música. En segundo, en todos ellos se hace referencia, de una u otra manera, a qué es “entender” música. Pero en el último de ellos aparece otro dato a tener en cuenta. La expresión “aprender por música”, aunque ya no tan corriente como en otra época, encierra una contradicción que, sin embargo, no es percibida como tal. ¿Cómo podría aprenderse música de una manera que no fuera “por música”? ¿Sería posible un músico que no tocara “por música”? Obviamente, por música aquí quiere decir otra cosa y se refiere, exclusivamente, a la lectura de partituras escritas con el sistema convencional de tradición europea. Algo similar a lo que se desprende de lo aparecido en un diario donde, al referirse a un cantante y autor de canciones, se decía “compuso más de quinientas canciones sin saber nada de música”. ¿Podrían componerse canciones sin, por lo menos, saber componer canciones, lo que, sin duda, es un saber musical? Mientras que una proporción de la música tocada y escuchada en la actualidad cercana al 90 por ciento no utiliza partituras y el 78 por ciento del consumo discográfico mundial corresponde a géneros identificados por el mercado como “populares”, en el sentido común permanece la identificación de la música con una música en particular, la llamada “clásica”, y de su entendimiento con el dominio de su lecto-escritura. El sistema escolar opera en la misma dirección. Saber música es saber acerca de música clásica y aprender música significa aprender el sistema europeo de notación tradicional. Es decir: una mayoría abrumadora de quienes hacen, escuchan y disfrutan la música creen que no saben música y miden su relación con el objeto a partir de un modelo –el de la música clásica– que, en casi todos los casos, está absolutamente ausente de sus vidas.
¿Qué es entender música? ¿Qué es escuchar? ¿Todos escuchan lo mismo y todo se escucha de la misma manera? Quienes bailan música tropical en un local del Gran Buenos Aires y quienes están abonados al Teatro Colón, ¿se refieren a lo mismo cuando se refieren a la música? ¿Se puede hablar de música o todo lo que aparentemente se diga sobre ella se estará diciendo, en realidad, sobre otras cosas que ya fueron dichas acerca de la música? Casi todo lo que se sabe –o se cree que se sabe– sobre música admite revisiones. Incluso su propia definición y la noción más extendida en el sentido común acerca de que se trata de un lenguaje que transmite sentimientos. Es posible que en el origen de un hecho musical haya sentimientos; y es posible que en su punto de llegada –quien escucha, en el momento en que escucha o, incluso, cuando recuerda lo escuchado– también los haya. Podría decirse, por lo tanto, que la música es un lenguaje, una cierta codificación de sentimientos, que se transmiten desde un punto a otro de una cierta cadena comunicativa. Pero los sentimientos del punto de partida pueden o no ser los mismos que los del punto de llegada. No existe ningún grado de certeza, ni de control, ni siquiera de sospecha, acerca de que, por ejemplo, la tristeza del compositor (¿tristeza sentida en el momento de componer o, tal vez, una tristeza imaginada, a partir de una tristeza real y pasada o de ninguna tristeza en particular?) sea la misma que la del receptor. Y existe la posibilidad, desde ya, de que esa música originada en una tristeza infinita provoque alegría y gozo en quien escucha –incluso la alegría de sentir tristeza a partir de una obra de arte–. Si los lenguajes codifican y transmiten y la música es un lenguaje, la pregunta entonces es qué transmite, e incluso, si existe siquiera alguna clase de transmisión o se trata apenas de un conjunto de estímulos que diferentes oyentes, con distintas cargas culturales, escucharán de diferentes maneras. En la escucha ¿hay decodificación o traducción?
Los compositores y gran parte de los teóricos tienden a pensar a la música como algo abstracto; como “un significante que sólo porta significante”, para citar el mal juego de palabras de Pierre Boulez. Sin embargo, quienes escuchan –y a veces ellos mismos cuando están en situación de escucha– creen en alguna clase de significado. En una transmisión de sentimientos. Esa creencia, ilusoria o no, es la que sostiene la escucha. En las notas de programas de concierto o en algunos ensayos musicológicos se sostiene que la música es su lenguaje y que quienes más la disfrutan son aquellos capaces de comprender –de escuchar– los procedimientos a los que los compositores someten sus materiales. Sin embargo, la mayoría de quienes escuchan y disfrutan la música no distinguen esos procedimientos, aunque sí, muchas veces, sus efectos. Quien escucha no puede nombrar esas relaciones significantes, es más, cree que “no sabe música” pero, en cambio, distingue repeticiones y variaciones, distintas instrumentaciones, aceleramientos y detenciones, texturas densas o transparentes, y muchas otras variables que los compositores –aun los compositores sin partitura, como Yupanqui, Dylan o Bola de Nieve– lograron con un trabajo secreto. Tal vez se trate, simplemente, de una nueva encarnación de la caverna de Platón y la verdad esté circunscripta a un mundo ideal. Quizá, cuando se escucha música, la música, inasible por naturaleza, no se escucha. Quizá sólo sea posible escuchar, en lugar de la música, su copia sensible. Esa música que cada uno, con sus ideologías conscientes e inconscientes, con su historia individual y social, crea a partir de lo que escucha.
meses sin escribir. fin de año, todo el verano y parte del otoño... pocas lecturas pero placenteras (entre ellas Tadeys de Osvaldo Lamborghini - "1738 - El capitán Tradio no se había dormido en ningún momento. En esas dosis el opio inspira un efecto de vehemencia atenuada. Es posible que en la habitación haya varios interlocutores. Grande será el deseo de hablar, pero tan grande como el de poder hacerlo de manera que el diálogo tienda hacia un punto casi extremo, exento de balbuceos o donde la cortesía de escuchar con calma y buena voluntad se anude con el rigor y la determinación de trazar, por ambas partes, una frontera nítida, que prohíban una cartografía nítida: evitar tanto la concesión como el enfrentamiento ampuloso con el supuesto adversario, destinado a satisfacer el deseo humano (poco dado a borrar lo siniestro) de triunfar en la exhibición de una falsa, momentánea pericia verbal, origen de posteriores hundimientos en el barro y la caída en cierto lodazal donde toda virtud abdica ante el cruento mutismo: una muerte degradante hija de palabras torpes y vanidades de salón. Para quien desconfía de las encantadoras veladas de diplomáticos, de cuyas sonrisas y frases inteligentes es fácil deducir el cenagal en que se mueven los batallones, una habitación tranquila y el ritual de las seis pipas de o-. 



AMANECE
Y YA ESTA CON LOS OJOS ABIERTOS
Parece no escuchar el ladrido de los perros ni el canto agudo y largo de los gallos ni el de los pájaros reunidos en el paraíso del patio delantero que suena interminable y rico, ni a los perros de la casa, el Negro y el Chiquito, que recorren el patio inquietos, ronroneando excitados por el alba, respondiendo con ladridos secos a 1os llamados intermitentes de perros lejanos que vienen desde la otra orilla del río. La voz de los gallos viene de muchas direcciones. Con los ojos abiertos, echado de espaldas, las manos cruzadas flojas sobre el abdomen, Wenceslao no oye nada salvo el tumulto oscuro del sueño, que se retira de su mente como cuando una nube negra va deslizándose en el cielo y deja ver el círculo brillante de la luna; no oye nada, porque cincuenta años de oír en el amanecer la voz de los gallos, de los perros y de los pájaros, la voz de los caballos, no le permiten en el presente escuchar otra cosa que no sea el silencio.
[...]
Juan José Saer, de El limonero real
Que el día sea clarísimo
Que la comida sea sabrosa y abundante
Que los amigos sean divertidos
Que la cama sea blanda
Que los espejos sean grandes
Que haya blueberries y helado de postre
Que el beso sea largo y mojado
Que la billetera este hinchada
Que el agua y la sombra sean frescas
Que alguien cuente algo que haga reír
Que salgas de compras en países extranjeros
Que la heladera este colmada
Que la piel sea suave, oscura y olorosa
Que el fin de semana haya una megafiesta
Que este el
Que la ropa sea nueva y este de moda
Que tu cuerpo se vea esplendido al moverse
Que sientas como siente un animal
Que te guíes solamente por el tacto y por el olfato
Que goces como una perra
Que seas profundamente triste
y salvajemente alegre
y extremadamente agitada
y absolutamente tranquila
Que haya musica moderna cuando tengas ganas de bailar
Que los desconocidos saluden y digan hola
Que brillen las estrellas
Que nada te preocupe
Que no esperes nada
Que vos des el primer paso
Que solamente lo hagas
Que no pienses en nada mas que en eso
Que no pienses en nada
Que no pienses en nadie
Ni en vos misma
Que ya no tengas miedo a nada
Que arrases con todo.
Amar, temer, partir es un registro en vivo con doce temas inéditos grabado durante los recitales del 22 y 29 de marzo de 2008 en el Centro Cultural Caras y Caretas de Buenos Aires, Argentina
Escribe Gabo:
Dentro de las clases de Lengua de los primeros años en la escuela nos enseñan a leer y a escribirpara después aprender a conjugar los verbos regulares.
AMAR, TEMER y PARTIR son los verbos elegidos en esta gramática para que funcionen como modelo y repitamos a los seis o siete años:
Yo amo, yo temo, yo parto
Tu amas, tu temes, tu partes
El ama, el teme, el parte
Nosotros amamos, nosotros tememos, nosotros partimos
Vosotros amáis, vosotros teméis, vosotros partís
Ellos aman, ellos temen, ellos parten
Ni Ella ni Ustedes aman, temen ni parten dentro del universo de la educación formal.
A Ella se la tragó El y a Ustedes el para nosotros lejano -en tiempo y espacio- Vosotros.
Así aprendemos y asimilamos no sólo que todos los verbos terminados en AR, ER, IR cambian su desinencia en la misma forma,sino también la relación que pareciera existir entre estas acciones.
Voy a montar un caballo
voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
será lento y perfumado el camino y el caballo
montaré en pelo el perfume y llegaremos temprano
con semejante caballo no va a haber jinetes malos
estarás esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
y un día dura una vuelta del sol a la azucarera
mientras esta noche dure y espero el caballo en vela
te voy pensando en silencio sin conocerte siquiera
ya te regalé mis cosas, las que tuve, tengo y tenga
pues no quiero tener nada para el momento en que vengas
vos
ya me estás esperando con toda la casa abierta
y el sol en las alacenas arma un sistema de estrellas
nuestras tazas son planetas que giran por la madera
un día dura una vuelta del sol a la azucarera
y un siglo irá en lo que lleve ir de una siesta a otra siesta.
voy a montar un caballo que sepa el camino a casa
será lento y perfumado el camino y el caballo


Union Carbide Productions was a Swedish rock band formed by Ebbot Lundberg (vocals), Patrik Caganis, Björn Olsson, Per Helm and Henrik Rylander in 1986.
Their music can be described as a fusion of psychedelic rock and punk rock — and a bit angrier and closer to stoner rock than The Soundtrack of Our Lives (the band that emerged from the ashes of Union Carbide Productions).
Though never really commercially successful, the band has received praise from artists like Kurt Cobain, R.E.M. and Sonic Youth. After the success of The Soundtrack of Our Lives, a compilation CD was released in 2004.



SYR7: J'Accuse Ted Hughes is the seventh release in American group Sonic Youth's SYR series. It was released only on vinyl and features two songs: "J'Accuse Ted Hughes", and "Agnès B. Musique".
SYR7 follows the SYR series tradition of liner notes in foreign languages. Here, as with SYR1, the language is French.




The Flying Luttenbachers were an instrumental unit led by multiinstrumentalist / composer / producer Weasel Walter. The Luttenbachers have created a large body of work focusing on an agenda of musical extremity and dissonance. Over the course of the band, the personnel has shifted numerous times around the artistic leadership of Walter, each line-up revealing a different part of the Flying Luttenbachers' aesthetic. The music has run a gamut from intense, all-acoustic free improvisation, to complex, modernistic rock composition; pure electronic noise to primitive punk-inspired jazz. The music defies idiomatic cliché and is steadfastly abstract, choosing to work outside of pre-existing genres in order to attain an original fusion. Walter has been quoted as drawing inspiration from the fields of hardcore punk, black metal, progressive rock, free jazz, no wave, electronic noise, contemporary classical, Balinese gamelan and Noh music.



The project lasted from 1985 till 1988, and in that period every tour that Eugene Chadbourne and I set out on seemed to be on a new continent. It was primarily a duo, and although a few guest musicians tried their hand at joining us on stage, none (with the exception of Chris Cutler) went the full distance as I remember. We would play two simultaneous solos which, although containing our own personal languages of improvising, also contained as many quotations from popular music as we could cram into a two-set concert. At the end of one concert in a seedy little bar in a forgettable midwest town, a guy came up to us after the concert and handed us a couple of sheets of paper upon which were listed all the songs he had heard us quote that evening, a total of seventy songs (and there was a bunch missing too). He said he felt somewhat elated and confused - elated that he knew so many tunes, confused because we had eradicated almost all support mechanisms. If a tune had the right notes, it would often have another song's harmony. Occasionally two songs from the same source might collide at the same time, the music of Dylan and the Beatles often received this kind of treatment. For many of the concerts we asked for a television on stage to add further ingredients to the already over-spiced cooking pot. If it all became too much, we or the audience could just settle in to the evening news or chat show.
But to be fair to the tele, it never let us down coming up with the most bent, juxtaposed commentaries night after night. Eugene actually realised a dream by playing with (if not actually on) a repeat of an old Johnny Carson show. I had my big moment when we hooked up to a particularly dry doco on 'instruments of the orchestra'. On one night in the depths of Southern Germany after the tele show, we were asked if we could do the sound track to a splatter movie or two - kein Problem. Once someone asked us if we could play a song from beginning to end, and eh, properly. We never tried, but I suspect that it might have been beyond us. I can't speak for Eugene, but for myself, I had suspended belief in any and all popular culture. It had been like that for years. This was the time of Michael Jackson and Madonna; just the thought of those two would bring on extreme nausea. On the other hand, bringing out great tunes from the periods of music when there were great tunes seemed to give them a new context; they proved in effect that they were indestructible. Having worked in commercial clubs and everything from restaurants to weddings to C & W bands, I did know a bunch of tunes. Eugene was and still is the ultimate bent cover songster.
And then there was the album.
In a dusty pile of old LPs, I found a copy of Herbert Von Karajan conducting the Berlin Philharmonic Orchestra in Brahms' Fourth Symphony. It was on Deutsche Grammafon, and my reason for selecting it had been inspired by an article in a Sunday newspaper. The article reported that the French horn section of this orchestra had been accused of playing wrong notes on purpose as a demonstration against Karajan's increasingly dictatorial actions against the musicians. A number of issues were presented.
1. It is hard enough to play correct notes of such a recalcitrant instrument; things must be really bad if you want to play wrong notes on purpose. The journalist let his imagination run away with him as to how the orchestra might continue their industrial action. Supposing Herbie gets up and starts conducting Beethoven's Fifth Symphony; the orchestra, however, plays the Fourth instead, or even a combination of the Third, the Seventh and the Ninth at the same time. At this stage, I realised it was beginning to sound a bit like the aesthetics and technique of the Kultural Terrorism project.
2. The notes on the back of the Brahms LP were some of the most sycophantic nonsense I had ever read. They spoke about the orchestra being at one with the maestro, about how the orchestra would do anything necessary to realise the maestro's grand plan. It looked like a good opportunity to put the record straight and paste the newspaper article on the back of the LP cover.
The cult of dictator/genius/conductor reached its zenith with people like Karajan and Bernstein - although an award for over-acting should be given to the orchestra's present conductor Simon Rattle. Significantly, Karajan was an ex-member of the Nazi party and his out-stretched arm, photographed on the front cover of the LP, had that authentic pose.
Anyway, this Karajan album seemed perfect cover and THE cover for our homemade kultural terror action. I got to work with felt tip pen, white out, paper, photocopies, scissors, and glue. In half and hour I had the cover ready. I sent it off to my little Berlin record company, Dossier. They were delighted. By chance an old friend and lawyer of the company's part-time manager dropped in for a chat and happened to see the art work. He suggested that Dossier have nothing to do with this; DG were a touchy lot but if they insisted on releasing it, then a list things had to come out.
The DG name had to be changed, Karajan's face had to be removed ("but you can leave the arms maybe"), the catalogue number removed, the name Karajan removed from all the text, etc. I was busy with the white out and felt tip pen for another session. Days later, the phone went again. Even more had to come out in the text and a disclaimer added. By this stage, it was hard to find any reference to the original DG LP left in the whole messy confused piece of an album cover. I was disappointed, compliance was demanded or no release, and the whole enterprise had become pointless. I felt I had been compromised too much.
A thousand copies of the album were released. Within one week, Deutsche Grammafon had issued a writ against Dossier and were taking them to court. All copies of the album had to be withdrawn. It begs belief that DG would be bothered with such a small-scale enterprise as Dossier, or that they would even know or care about small releases of postmodern music. One imagined some bureaucrat sitting in an office in Munich whose job it was to sort through all record releases of all music worldwide, looking out for anything that may cause offence to Herbie von K or DG itself. Extraordinary. Meanwhile, Dossier was in deep shit. BUT as it happened, DG's lawyer was a personal friend of our Dossier man's lawyer in Berlin. Lawyers drink and eat from the same trough, so an out of court settlement was hastily fixed up. All copies of the offending album known as Kultural Terrorism would be destroyed, and in its place would come a fully legal copy with absolutely nothing on the front cover. It seemed that a headless Herbie was the principle cause of insult and DG's main complaint, so the conductor's arm giving the Hitler salute had to go as well.
The Kultural Terrorism project was an exhausting form of performance counterpoint. After three years and dozens of concerts, we had had enough of it. The appropriation of everyone else's music had become the modus operandi for the new music composer, but from my perspective, when global capitalism took over the whole planet in 1989, dj reality began to outstrip the powers of satire."
(article by Jon Rose, 2003 - from his homepage)